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Blog Fé Bíblica

Un espacio para reflexionar sobre la vida humana a partir de la enseñanza de la Sagrada Escritura, la Biblia

  1. Por Julio César Clavijo Sierra
    © 2018. Todos los Derechos Reservados
    Teólogo (Fundación Universitaria Seminario Teológico Bautista, Colombia)
    Ingeniero Civil (Universidad Nacional de Colombia)
    Especialista en Gerencia de Proyectos (Universidad del Tolima)


    Bajo el título de “Padres Apostólicos”, se agrupa a los escritores eclesiásticos que publicaron sus obras entre los años 90-150 d.C., y bien pudieron conocer personalmente a los primeros apóstoles, o recibieron las instrucciones de discípulos directos de ellos.

    El título de “padres” es confuso, pues podría significar que ellos fueron los líderes fundadores de la iglesia, pero sabemos que Jesucristo es el único fundador de la iglesia. Por esta razón, hay académicos que prefieren llamarles “escritores del periodo post-apostólico”.

    Los autores agrupados en esta categoría son: (1°) Clemente obispo de Roma, autor de una epístola a los corintios; (2°) Ignacio obispo de Antioquía, autor de siete epístolas, una dirigida a Policarpo obispo de Esmirna, y las otras seis a las iglesias de Éfeso, Magnesia, Tralles, Filadelfia, Esmirna y Roma; (3°) Policarpo obispo de Esmirna, autor de una carta a la iglesia de Filipos; (4°) Papías obispo de Hierápolis, autor de varias obras de las cuales solo sobreviven unos fragmentos; (5°) Hermas, un profeta de Roma, que escribió El Pastor; (6°) Un autor anónimo que escribió la Epístola a Diogneto; (7°) Un autor anónimo que escribió una obra que se ha conocido como la Epístola de Bernabé; (8°) Un autor anónimo que escribió una homilía que se ha llamado 2. Clemente; y (9°) Varios autores que escribieron la Didajé (Didaché), también conocida como la Enseñanza de los Doce Apóstoles. Para este trabajo, todas las citas de dichas obras, han sido tomadas de Lo Mejor de los Padres Apostólicos, compilado por Alfonso Ropero, © 2004 por Editorial Clie.

    Los escritos que nos han dejado los “padres apostólicos”, no son inspirados como sí lo son los del Nuevo Testamento, pero su testimonio nos demuestra que ellos (y por ende la iglesia de su tiempo) creían firmemente en la unicidad de Dios, y que las ideas arrianas, adopcionistas, socinianas y trinitarias [1],  no hacían parte de su teología. Al estudiar las obras de los “padres apostólicos” notamos que ellos se adhirieron por completo al monoteísmo estricto en el sentido del Antiguo Testamento, pero lo complementaron con la revelación del Nuevo Testamento de que Jesús es el único Dios manifestado en carne. La doctrina oficial de la Iglesia de finales del siglo I y la primera mitad del siglo II, era la unicidad de Dios.

    El presente trabajo está limitado a examinar el entendimiento cristológico de dichos autores, y por lo tanto no pretende entrar en detalles de los otros aspectos de su teología.


    1. Clemente de Roma (¿?-101 d.C.)

    Clemente fue obispo de Roma desde el año 92 al 101 [2].  El único escrito perteneciente a Clemente que se conserva hoy día, sobre el que hay consenso en su autoría, es la Epístola a los Corintios, que aunque fue escrita por Clemente, se trata de una carta enviada por toda la Iglesia de Roma a la iglesia de Corinto, con el fin de que los hermanos de Corinto pudieran superar ciertos problemas con el liderazgo de la iglesia, pues algunos ministros más jóvenes habían depuesto de modo ilegítimo a los más antiguos. Esta es la primera obra de la literatura cristiana después del Nuevo Testamento, en la que consta históricamente el nombre de su autor, la situación y la época en que se escribió.

    De dicha Epístola existen dos versiones. La versión corta que proviene del manuscrito hallado en el Códice Alejandrino del Siglo V, junto a los libros del Nuevo Testamento; y la versión larga que se halla en el Códice Jerosolimitano (Hierosolymitanus o Constantinopolitano), elaborado por el notario León en 1056. Por su antigüedad, el Códice Alejandrino es el que tiene mayor autoridad. Por esta razón, los eruditos Alexander Roberts y James Donaldson, utilizaron la versión corta de Clemente, en su edición de la Librería Cristiana Antenicena, Volumen I, publicada entre 1867-1870 en Edimburgo por T & T Clark. Ellos omitieron los capítulos 58-63 de la versión larga por considerarlos como interpolación al texto original de Clemente.

    Clemente de Roma habló de un único Dios. “somos una porción especial de un Dios santo”. (30). “para que el nombre del Dios único y verdadero pudiera ser glorificado; a quien sea la gloria para siempre jamás”. (43).

    El único Dios posee el nombre más alto, y ese nombre es Jesús. “el Altísimo es el campeón y protector de los que en conciencia pura sirven su nombre excelente”. (45). “El Señor, hermanos, no tiene necesidad de nada. Él no desea nada de hombre alguno, sino que se confiese su Nombre”. (52). “Finalmente, que el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él, como un pueblo peculiar, conceda a cada alma que se llama según su santo y excelente Nombre, fe, temor, paz, paciencia, longanimidad, templanza, castidad y sobriedad, para que podáis agradarle en su Nombre”. (65). [3]

    Clemente destacó la obra de Jesús como hombre, al decir que Jesucristo es el enviado de Dios, nuestro sumo sacerdote, el Hijo de Dios, el resplandor de la majestad divina, el cetro de la majestad de Dios, el heredero del nombre más sublime, y quien nos conduce a Dios.

    “Los apóstoles recibieron el Evangelio para nosotros del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado por Dios. Así pues, Cristo viene de Dios, y los apóstoles de Cristo. Por tanto, los dos vienen de la voluntad de Dios en el orden designado”. (42). “Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, y su carne por nuestra carne, y su vida por nuestras vidas”. (49). “…el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él,…. nuestro Sumo Sacerdote y guardián Jesucristo, a través del cual sea a Él la gloria y majestad, la potencia y el honor, ahora y para siempre jamás. Amén”. (65).

    “El cetro [de la majestad] de Dios, a saber, nuestro Señor Jesucristo, no vino en la pompa de arrogancia o de orgullo, aunque podría haberlo hecho, sino en humildad de corazón” (16). “Ésta es la manera, amados, en que encontramos nuestra salvación, a saber, Jesucristo el Sumo Sacerdote de nuestras ofrendas, el guardián y ayudador en nuestras debilidades. Fijemos nuestra mirada, por medio de Él, en las alturas de los cielos; por medio de Él contemplamos como en un espejo su rostro intachable y excelente; por medio de Él fueron abiertos los ojos de nuestro corazón; por medio de Él nuestra mente insensata y entenebrecida salta a la luz; por medio de Él el Señor ha querido que probemos el conocimiento inmortal; el cual, siendo el resplandor de su majestad, es muy superior a los ángeles, puesto que ha heredado un nombre más excelente que ellos”. (36). “Gracia a vosotros y paz del Dios Todopoderoso os sea multiplicada por medio de Jesucristo”. (Salutación). [4]

    Algunos insisten en que dos porciones de la Epístola de Clemente a los Corintios, parecen tener trazos de trinitarismo:

    La primera es: “¿No tenemos un solo Dios y un Cristo y un Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros?”. (46). Sin embargo, aquí se ve claramente una evocación de Efesios 4:3-6 que habla de guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, y enfatiza que como iglesia somos un solo cuerpo, tenemos un solo Espíritu, una misma esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, y un solo Dios y Padre de todos. 

    La segunda porción es: “Porque tal como Dios vive, y vive el Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo…”. (58). Sin embargo, esta porción no aparece en el Códice Alejandrino del siglo V, que es el manuscrito más antiguo, pero sí aparece en el Códice Jerosolimitano de 1056 y en una Versión Siríaca de 1170. Como estas últimas fuentes parecen haberse originado a partir de la fuente más antigua, “sabemos que cualquier adición posterior a los manuscritos originales, probablemente es una interpolación posterior del texto original”. [5]  Así, podemos declarar con toda seguridad que Clemente no utilizó vocabulario trinitario.


    2. Ignacio de Antioquía (35-107 d.C.)

    Ignacio fue obispo de Antioquía de Siria. Fue condenado por el emperador Trajano a morir en Roma enfrentado a las fieras. Durante su travesía a Roma, compuso siete epístolas que nos han quedado como el testimonio de su pensamiento. Seis fueron dirigidas a las iglesias de Éfeso, Magnesia, Tralles, Filadelfia, Esmirna y Roma, y una fue dirigida a Policarpo obispo de Esmirna. Debido a que Ignacio fue recibido con gran afecto, y fue considerado un gran líder por los creyentes de finales del siglo I y principios del siglo II, podemos asegurar que la mayoría de estos creyentes creían en la misma teología de Ignacio.

    Las cartas de Ignacio se han conservado en tres versiones. La corta que es la original, y se halla en el Codex Mediceus Laurentianus que data del siglo II. La larga datada en el siglo IV que trae alteraciones e interpolaciones a la versión original y añade seis cartas espurias a las siete epístolas auténticas. También está la versión brevísima o siríaca.

    Ignacio creyó que el único Dios invisible fue manifestado en carne. “Espera en Aquel que está por encima de toda estación, el Eterno, el Invisible, que se hizo visible por amor a nosotros, el Impalpable, el Impasible, que sufrió por amor a nosotros, que sufrió en todas formas por amor a nosotros”. (A Policarpo - 3). Ignacio mencionó que el único Dios sufrió al haberse encarnado. Sin embargo, en el siglo III, Tertuliano (el primer trinitario de la historia cristiana) ridiculizó a los creyentes de su tiempo que creían como lo había hecho Ignacio, y los tildó de patripasianos. [6] Ignacio aclaró que en cuanto a su condición divina, Dios es impasible; pero en cuanto a su manifestación en carne, Él es pasible (es decir que pudo sufrir y morir). “Sólo hay un médico, de la carne y del espíritu, engendrado y no engendrado, Dios en el hombre, verdadera Vida en la muerte, hijo de María e Hijo de Dios, primero pasible y luego impasible: Jesucristo nuestro Señor”. (A los Efesios - 7). Ignacio dijo que el Hijo Jesucristo es la manifestación de Dios en carne, aunque hay desobedientes que no quieren creerlo. “…porque los profetas divinos vivían según Cristo Jesús. Por esta causa también fueron perseguidos, siendo inspirados por su gracia a fin de que los que son desobedientes puedan ser plenamente persuadidos de que hay un solo Dios que se manifestó a través de Jesucristo su Hijo, que es su Verbo que procede del silencio”. (A los Magnesios - 8).

    Ignacio presentó al evangelio como la buena nueva de Dios manifestado en carne. “Pero el Evangelio tiene una preeminencia singular en el advenimiento del Salvador, a saber, nuestro Señor Jesucristo, y su pasión y resurrección. Porque los amados profetas en su predicación le señalaban a Él; pero el Evangelio es el cumplimiento y perfección de la inmortalidad”. (A los Filadelfios - 9). El reino de las tinieblas y el poder de la muerte fueron quebrantados cuando Dios vino en semejanza de hombre. “A partir de entonces toda hechicería y todo encanto quedó disuelto, la ignorancia de la maldad se desvaneció, el reino antiguo fue derribado cuando Dios apareció en la semejanza de hombre en novedad de vida eterna; y lo que había sido perfeccionado en los consejos de Dios empezó a tener efecto. Por lo que todas las cosas fueron perturbadas, porque se echó mano de la abolición de la muerte”. (A los Efesios - 19). Jesucristo es por lo tanto la mente del Padre (o el plan eterno que estuvo con el Padre para a su debido tiempo, traer vida y salvación a los hombres por medio de Jesucristo). “…por tanto me atreví a exhortaros, para que corráis en armonía con la mente de Dios; pues Jesucristo, nuestra vida inseparable, es también la mente del Padre, así como los obispos establecidos hasta los extremos de la tierra están en la mente de Jesucristo”. (A los Efesios - 3). “habiéndoles sido confiado el diaconado de Jesucristo, que estaba con el Padre antes que los mundos y apareció al fin del tiempo”. (A los Magnesios - 6). Como el evangelio es el mensaje que Jesucristo trajo para reconciliar a los hombres con Dios, y es la predicación sobre Jesucristo, entonces Jesucristo es la boca del Padre. “…que yo digo la verdad — Jesucristo, la boca infalible por la que el Padre ha hablado [verdaderamente]”. (A los Romanos - 8). Por lo cual Jesucristo es el Dios que concede la sabiduría del evangelio y es nuestra vida verdadera. “Doy gloria a Jesucristo el Dios que os concede tal sabiduría”. (A los Esmirnenses - 1). “siempre y cuando seamos hallados en Cristo Jesús como nuestra vida verdadera”. (A los Efesios - 11). “Y ¿por qué no andamos prudentemente, recibiendo el conocimiento de Dios, que es en Jesucristo?”. (A los Efesios - 17).

    Al reconocer que Dios fue manifestado en carne, Ignacio no tuvo ningún problema en decir que Jesucristo es el único Dios. “…salutaciones abundantes en Jesucristo nuestro Dios en su intachabilidad”. (A los Romanos - Salutación). “Mis mejores deseos siempre en nuestro Dios Jesucristo, en quien permanecéis en la unidad y supervisión de Dios”. (A Policarpo - VIII). “…a la (iglesia) que ha sido bendecida en abundancia por la plenitud de Dios el Padre… unida y elegida en una verdadera pasión, por la voluntad… de Jesucristo nuestro Dios”. (A los Efesios - Salutación).

    En otros lugares, Ignacio identificó a Jesucristo como el propio Padre. Por ejemplo, al escribirle a los romanos, dijo que el único obispo es Jesucristo. “Recordad en vuestras oraciones a la iglesia que está en Siria, que tiene a Dios como su pastor en lugar mío. Jesucristo sólo será su obispo —Él y vuestro amor—”. (A los Romanos - 9). Sin embargo, al escribirle a los Magnesios, dijo que el Padre de Jesucristo es el obispo de todos. “no ya a él, sino al Padre de Jesucristo, a saber, el Obispo de todos”. (A los Magnesios - 3). Pero más interesantemente, al escribirle a Policarpo dijo que el obispo singular de la Iglesia es Dios el Padre y Jesucristo. “Ignacio, llamado también Teóforo, a Policarpo, que es obispo de la iglesia de Esmirna, o más bien que tiene por su obispo a Dios el Padre y a Jesucristo”. (A Policarpo - Salutación).

    Ignacio declaró que Jesús es el Dios que vive en los creyentes, por lo cual cada cristiano es templo de Jesucristo. “Hagamos todas las cosas considerando que Él [Jesucristo] vive en nosotros, para que podamos ser sus templos, y Él mismo pueda estar en nosotros como nuestro Dios”. (A los Efesios - 15). El Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús. “…con los diáconos que han sido nombrados en conformidad con la mente de Jesucristo, a los cuales Él de su propia voluntad ha confirmado y afianzado en su Santo Espíritu”. (A los Filadelfios - Salutación). Jesucristo puede habitar en nosotros, porque Él es el Espíritu. “Pasadlo bien en piadosa concordia, y poseed un Espíritu firme, que es Jesucristo”. (A los Magnesios - 15). Nosotros podemos vivir en la fe y el amor en el Hijo y en el Padre, por el Espíritu singular que habita en nosotros. “para que podáis prosperar en todas las cosas que hagáis en la carne y en el espíritu, por la fe y por el amor, en el Hijo y Padre en el Espíritu, en el comienzo y en el fin”. (A los Magnesios - 13).

    Al reconocer la verdad de la encarnación, Ignacio creyó que Jesucristo es también un verdadero hombre, el hombre perfecto y sin pecado nacido de una virgen. “Sólo que sea en el nombre de Jesucristo, de modo que podamos sufrir juntamente con Él. Sufro todas las cosas puesto que Él me capacita para ello, el cual es el Hombre perfecto”. (A los Esmirnenses - 4). Aun siendo Dios, Jesús se presentó como un hombre verdadero del linaje de David. “Porque nuestro Dios, Jesús el Cristo, fue concebido en la matriz de María según una dispensación de la simiente de David, pero también del Espíritu Santo; y nació y fue bautizado para que por su pasión pudiera purificar el agua”. (A los Efesios - 18). “en gracia, en una fe y en Jesucristo, el cual según la carne fue del linaje de David, que es el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios”. (A los Efesios - 20). “plenamente persuadidos por lo que se refiere a nuestro Señor que Él es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia”. (A los Esmirnenses - 1). “Sed sordos, pues, cuando alguno os hable aparte de Jesucristo, que era de la raza de David, que era el Hijo de María, que verdaderamente nació y comió y bebió y fue ciertamente perseguido bajo Poncio Pilato, fue verdaderamente crucificado y murió a la vista de los que hay en el cielo y los que hay en la tierra y los que hay debajo de la tierra; el cual, además, verdaderamente resucitó de los muertos, habiéndolo resucitado su Padre, el cual, de la misma manera nos levantará a nosotros los que hemos creído en Él —su Padre, digo, nos resucitará—, en Cristo Jesús, aparte del cual no tenemos verdadera vida”. (A los Trallanos - 9). La dispensación de la gracia, consiste en tener fe en Jesucristo y su obra como hombre. “os mostraré más acerca de la dispensación de la cual he empezado a hablar, con referencia al nuevo hombre Jesucristo, que consiste en fe hacia Él y en amor hacia Él, en su pasión y resurrección, especialmente si el Señor me revelara algo”. (A los Efesios - XX). Ignacio creyó que Jesucristo aún permanece como un hombre verdadero después de su resurrección. “Porque sé y creo que Él estaba en la carne incluso después de la resurrección; y cuando Él se presentó a Pedro y su compañía, les dijo: Poned las manos sobre mí y palpadme, y ved que no soy un demonio sin cuerpo. Y al punto ellos le tocaron, y creyeron”. (A los Esmirnenses - 3).

    Como la obra de Jesucristo es la que nos ha reconciliado con Dios, entonces nosotros alabamos a Dios por medio de Jesucristo. “Por tanto, en vuestro amor concorde y armonioso se canta a Jesucristo. Y vosotros, cada uno, formáis un coro, para que estando en armonía y concordes, y tomando la nota clave de Dios, podáis cantar al unísono con una sola voz por medio de Jesucristo al Padre, para que Él pueda oíros y, reconocer por vuestras buenas obras que sois miembros de su Hijo”. (A los Efesios - 4). “para que formando vosotros un coro en amor, podáis cantar al Padre en Jesucristo”. (A los Romanos - 2). De igual modo, los creyentes llevamos la marca de Dios por medio de Jesucristo. “los no creyentes la marca del mundo, pero los fieles en amor la marca de Dios el Padre por medio de Jesucristo”. (A los Magnesios - 5).

    Ignacio creyó que en su rol humano (según la carne), Jesucristo es nuestro ejemplo de vida hacia Dios. “sed imitadores de Jesucristo como Él mismo lo era de su Padre”. (A los Filadelfios - 7). “el cual en todas las cosas agradó a Aquel que le había enviado”. (A los Magnesios – 8). “Sed obedientes al obispo y los unos a los otros, como Jesucristo lo era al Padre [según la carne], y como los apóstoles lo eran a Cristo y al Padre, para que pueda haber unión de la carne y el espíritu”. (A los Magnesios - 13).

    Como el hombre Jesucristo es el Padre manifestado en carne, y es nuestro ejemplo hacia el Padre, por esta razón Él está íntimamente ligado con el Padre. Las siguientes frases de Ignacio, sin duda alguna tienen en mente aquella porción del evangelio según Juan 14:10-11 que dicen que el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre. “el Padre es fiel en Jesucristo para satisfacer mi petición y la vuestra. Que podamos ser hallados intachables en Él”. (A los Trallanos - 13). “Apresuraos a congregaros, como en un solo templo, Dios; como ante un altar, Jesucristo, que vino de un Padre y está con un Padre y ha partido a un Padre”. (A los Magnesios - 7). “Porque Dios nuestro Dios Jesucristo, estando en el Padre, es el que es más fácilmente manifestado. La obra no es ya de persuasión, sino que el Cristianismo es una cosa de poder”. (A los Romanos - 3). “Por tanto, tal como el Señor no hizo nada sin el Padre, [estando unido con Él]”. (A los Magnesios - 7). “Y después de su resurrección Él comió y bebió con ellos como uno que está en la carne, aunque espiritualmente estaba unido con el Padre”. (A los Esmirnenses - 3). Debido a esto, podemos decir que la Iglesia es a la vez del Padre y de Jesucristo. “estéis íntimamente unidos a él como la Iglesia lo está con Jesucristo y como Jesucristo lo está con el Padre, para que todas las cosas puedan estar armonizadas en unidad”. (A los Efesios - 5). “Ignacio, que es llamado también Teóforo, a aquella que ha hallado misericordia en la benevolencia del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo”. (A los Romanos - Salutación). “a la iglesia de Dios el Padre y de Jesucristo el Amado”. (A los Esmirnenses - Salutación). “Ignacio, llamado también Teóforo, a la iglesia de Dios el Padre y de Jesucristo”. (A los Filadelfios - Salutación). “Pasadlo bien en Dios el Padre y en Jesucristo nuestra esperanza común”. (A los Efesios XXI). “abundantes salutaciones en Dios el Padre y en Jesucristo”. (A los Magnesios - Salutación). “o por sí mismo o por medio de hombres, ni para vanagloria, sino en el amor de Dios y el Padre y el Señor Jesucristo”. (A los Filadelfios - 1).

    El nombre singular que Dios nos ha revelado, es Jesús. “…yo había emprendido el camino desde Siria, en cadenas, por amor del Nombre y esperanza comunes… vosotros sentisteis ansia de visitarme; siendo así que en el nombre de Dios os he recibido a todos vosotros…”. (A los Efesios - 1). “andando en la ley de Cristo y llevando el nombre del Padre; iglesia a la cual yo saludo en el nombre de Jesucristo el Hijo del Padre”. (A los Romanos - Salutación). Por lo tanto la iglesia lleva el nombre de Jesús y glorifica el nombre de Jesús. “Sólo que sea en el nombre de Jesucristo, de modo que podamos sufrir juntamente con Él”. (A los Esmirnenses - 4). “decidí comunicarme con vosotros en la fe de Jesucristo. Porque siendo contado digno de llevar un nombre piadoso, en estas cadenas que estoy llevando”. (A los Magnesios - I). “Porque aun cuando estoy en cadenas por amor del Nombre, no he sido hecho perfecto todavía en Jesucristo”. (A los Efesios - 3). “os corresponde, como iglesia de Dios, el designar a un diácono que vaya allí como embajador de Dios, para que pueda darles el parabién cuando se congreguen y puedan glorificar el Nombre”. (A los Filadelfios - 10).

    La evidencia hallada en los escritos acreditados de Ignacio es tan fuerte a favor de la Unicidad, que incluso eruditos e historiadores de corte trinitario han admitido la tendencia unicitaria de Ignacio.

    La teóloga Virginia Corwin, declaró que “Si se debe elegir un término para indicar la tendencia de su pensamiento, se debe decir que Ignacio es monarquiano, aunque está muy cerca del punto que luego se declara ortodoxo”. [7]  Monarquiano (el que cree en un solo Rey o Monarca divino) fue un término que utilizaron los unicitarios de principios del siglo III para identificarse y diferenciarse del trinitarismo que recién aparecía, tal como consta en la obra Contra Práxeas, escrita por Tertuliano.

    Jaroslav Pelikan, el famoso historiador de la Iglesia Ortodoxa, afirmó que “Muchos de los pasajes de los escritores cristianos antiguos… suenan como Monarquianismo Modalista”, y citó a Ignacio de Antioquía como una prueba, diciendo: “que Ignacio elogió ʿal Invisible, quien por nuestro bien se hizo visible, el Impasible, quien se volvió sujeto de sufrimiento por amor a nosotros, y por nuestro bien soportó todoʾ”. [8]

    El historiador alemán Friedrich Loofs, escribió que Ignacio consideraba a Dios “como una mónada [unidad o entidad sin división] indiferenciada en su ser esencial, siendo el Hijo y el Espíritu meramente formas o modos de la auto-revelación del Padre, solo distinguibles de Él en el proceso de revelación”. [9]  A esta forma de pensar, Loofs la identificó como una “economía trinitaria”, pero en realidad es unicidad pura.

    El teólogo Católico Romano Edmund J. Fortman, escribió que “aunque no hay nada remotamente parecido a una doctrina de la Trinidad en Ignacio, el patrón triádico de pensamiento está allí”. [10] Fortman asumió ligeramente que porque Ignacio utilizó los títulos de Padre, Hijo y Espíritu Santo, él tenía un pensamiento triádico. Sin embargo, tuvo que reconocer que el uso que Ignacio hace de esos títulos “ni siquiera se asemeja remotamente a una doctrina de la trinidad ¿Si Ignacio fue un verdadero trinitario, por qué no hay nada remotamente parecido a una doctrina de la trinidad en sus escritos?” [11]


    3. Policarpo de Esmirna (65-155 d.C.)

    Policarpo fue obispo de Esmirna. Él fue tenido en gran estima por la iglesia de su tiempo, lo que está demostrado en que Ignacio de Antioquía le dirigió una carta personal en la que le dio consejos de tipo pastoral,  y en que la Iglesia de Filipos lo invitó a que les dirigiera una carta de consejo, la cual es el único escrito de Policarpo con el que contamos. Un autor desconocido escribió una obra titulada El Martirio de Policarpo, que “es el relato circunstanciado más antiguo que existe del martirio de un solo individuo” [12] cristiano. Sin embargo, el relato combina a tal punto la realidad con la ficción, que menciona la ocurrencia de milagros extravagantes cuando Policarpo fue quemado en la hoguera, diciendo que su cuerpo brilló como el oro, expelió olores dulces, que una paloma surgió desde su cuerpo y voló, y que su sangre extinguió el fuego. En esa obra se le atribuyen a Policarpo unas palabras que confiesan a Jesucristo como su único Dios y salvador. Cuando el magistrado le dijo que si renegaba de Cristo lo dejaría libre, Policarpo respondió: “Durante ochenta y seis años he servido a Cristo, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo quieres que reniegue de mi Dios y Salvador?”[13]

    De la Epístola de Policarpo a los Filipenses, apreciamos que Policarpo apoyó y tomó como suyas todas las palabras que Ignacio expresó en sus cartas, al decir: “Las cartas de Ignacio que él me envió, y tantas otras cartas como hay en posesión nuestra, os las enviamos, según nos encargasteis; y van incluidas con esta carta; de ellas vais a recibir gran beneficio. Porque hay en ellas fe y resistencia y toda clase de edificación, que pertenece a nuestro Señor”. (13).

    En consecuencia, Policarpo confesó a Jesucristo como Señor y Dios. “Me gocé en gran manera con vosotros en nuestro Señor Jesucristo”. (1). “Si, pues, rogamos al Señor que nos perdone, nosotros deberíamos también perdonar: porque estamos delante de los ojos de nuestro Señor y Dios, y todos hemos de presentarnos ante el trono del juicio de Cristo, y cada uno tendrá que dar cuenta de sí”. (6). “y todos los que están bajo el cielo, que creerán en nuestro Señor y Dios Jesucristo”. (12).

    También confesó la verdadera humanidad de Jesús. “Porque todo el que no confiesa que Jesucristo ha venido en la carne, es anticristo; y todo el que no confiesa el testimonio de la cruz, es del diablo”. (7). Y declaró que en su condición humana, Jesús es nuestro ejemplo perfecto hacia Dios. “Por tanto, mantengámonos sin cesar firmes en nuestra esperanza y en las arras de nuestra justicia, que es Jesucristo, el cual tomó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, y no pecó, ni fue hallado engaño en su boca, sino que por amor a nosotros sufrió todas las cosas, para que pudiéramos vivir en Él. Por tanto seamos imitadores de su resistencia en los sufrimientos; y si sufrimos por amor a su nombre, glorifiquémosle. Porque Él nos dio este ejemplo en su propia persona, y nosotros lo hemos creído”. (8). “el mismo Sumo Sacerdote eterno, el [Hijo] de Dios Jesucristo, os edifique en fe y en verdad, y en toda mansedumbre y a evitar todo enojo, y en resistencia, y en longanimidad, y en soportar con paciencia y en pureza; y que Él os conceda la suerte y parte de sus santos… Orad también por los reyes y potentados y príncipes, y por los que os persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz, que vuestro fruto pueda ser manifiesto entre todos los hombres, para que podáis ser perfeccionados en Él”. (12). Al reconocer a Jesús como un hombre verdadero, Policarpo creyó que Dios lo resucitó de entre los muertos. “a quien Dios levantó, habiendo soltado de los dolores del Hades”. (1). “porque habéis creído en Aquel que levantó a nuestro Señor Jesucristo de los muertos y le dio gloria y un trono a su diestra”. (2). “y todos los que están bajo el cielo, que creerán en nuestro Señor y Dios Jesucristo y en su Padre que lo levantó de los muertos”. (12).

    Policarpo declaró que Dios efectuó su obra de salvación por medio de Jesucristo. “sufrió para hacer frente incluso a la muerte por nuestros pecados… a quien amáis sin haberle visto, con gozo inefable y glorioso; en cuyo gozo muchos desean entrar; por cuanto vosotros sabéis que es por gracia que somos salvos, no por obras, sino por la voluntad de Dios por medio de Jesucristo”. (1). Como el hombre Jesucristo es el Padre manifestado en carne, y es nuestro ejemplo hacia el Padre, por esta razón Él está íntimamente ligado con el Padre, y nosotros debemos recordar siempre a Dios, y a Cristo por quien Él hizo la obra de salvación. “el amor va delante —amor hacia Dios y Cristo y hacia nuestro prójimo—. Porque si un hombre se ocupa de ello, ha cumplido los mandamientos de la justicia; porque el que ama está lejos de todo pecado”. (3). “De igual manera los diáconos deben ser intachables en la presencia de su justicia, como diáconos de Dios y Cristo y no de hombres”. (5).


    4. Papías de Hierápolis

    Papías fue obispo de Hierápolis, en el Asia Menor. Ireneo nos dice que Papías “fue un oyente de Juan y un compañero de Policarpo, hombre respetado, dio testimonio por escrito en el cuarto de sus libros, porque compuso cinco”. (Fragmentos de Papías, 14). De toda su obra solamente sobreviven pequeños fragmentos que no son determinantes para poder concluir acerca de la posición cristológica que él poseyó.  Sin embargo, al ser un amigo de Policarpo, podemos sospechar que contó con la misma cristología de su amigo, y por lo tanto Papías también fue unicitario.


    5. El Pastor de Hermas

    El Pastor de Hermas fue uno de los escritos más estimados y de mayor circulación en la iglesia cristiana antigua, y pertenece al género apocalíptico donde a través de visiones y símbolos se transmiten sus enseñanzas. Hermas era un profeta que ministraba en la ciudad de Roma. El título del libro obedece a que un ángel se le apareció a Hermas en la forma de un pastor, ordenándole que escribiera un libro para entregarlo a la iglesia de Dios. Hermas mencionó a Clemente de Roma como un líder contemporáneo suyo (2.4), y se menciona que algunos de los apóstoles aún estaban vivos entre ellos (3.5). Esto conduce a concluir que el libro fue escrito en el siglo I.

    Hermas informó que creer que Dios es uno, que el único Dios creó todas las cosas, y guardarle obediencia, es el mandamiento principal del que depende la vida cristiana: “Ante todo, cree que Dios es uno, y que Él creó todas las cosas y las puso en orden, y trajo todas las cosas de la no existencia al ser, que comprende, todas las cosas siendo Él solo incomprensible. Cree en Él, pues, y témele, y en este temor ejerce dominio sobre ti mismo. Guarda estas cosas, y te verás libre de toda maldad, y serás revestido de toda excelencia y justicia, y vivirás para Dios si guardas este mandamiento”. (Mandamiento 1,1).

    Como el Espíritu Santo creó todas las cosas, entonces el Espíritu Santo es identificado como ese único Dios en el cual debemos creer. “…el Espíritu Santo preexistente, que creó toda la creación”. (Parábola 5,6).

    Hermas también hace referencia a la encarnación del único Dios que es Espíritu, identificando al Hijo como ese único Espíritu Santo en la condición de un hombre que vivió en todo una vida sin pecado. “Deseo mostrarte todas las cosas que el Espíritu Santo, que habló contigo en la forma de la Iglesia, te mostró. Porque este Espíritu es el Hijo de Dios. (Parábola 9,1).  “Pero escucha en qué forma el señor tomó a su Hijo y sus gloriosos ángeles como consejeros respecto a la herencia del siervo. Dios hizo que el Espíritu Santo preexistente, que creó toda la creación, morara en carne que Él deseó. Esta carne, pues, en que reside el Espíritu Santo, fue sometida al Espíritu, andando honorablemente en santidad y pureza, sin contaminar en modo alguno al Espíritu. Cuando hubo vivido, pues, honorablemente en castidad, y trabajado con el Espíritu, y hubo cooperado con él en todo, comportándose él mismo osada y valerosamente, Él lo escogió como colaborador con el Espíritu Santo; porque el curso de esta carne agradó [al Señor], siendo así que, poseyendo el Espíritu Santo, no fue contaminado en la tierra. Por tanto, tomó a su Hijo como consejero y a los gloriosos ángeles también, para que esta carne, además, habiendo servido al Espíritu intachablemente, pudiera tener algún lugar de residencia, y no pareciera que había perdido la recompensa por su servicio; porque toda carne que es hallada sin contaminación ni mancha, en que reside el Espíritu Santo, recibirá una recompensa. Ahora tienes la interpretación de esta parábola también”. (Parábola 5,6).

    La identificación del Hijo como el Espíritu Santo encarnado es tan clara, que el traductor trinitario Jack N. Sparks, en la obra titulada Los Padres Apostólicos, escribió en su prefacio al Pastor de Hermas, que “Tú no llamarías a Hermas un teólogo preciso. Su terminología al hablar del Hijo y del Espíritu Santo es tan confusa que parece identificar a los dos como la misma persona”. [14]  El historiador Johannes Quasten, advirtiendo lo mismo escribió: “Aquí se identifica al Espíritu Santo con el Hijo de Dios”. [15]

    La única posición teológica compatible con el contenido del Pastor de Hermas, es la teología unicitaria, pues los otros puntos de vista tales como el trinitarismo, el arrianismo,  el adopcionismo y el socinianismo, no admiten que el Hijo de Dios sea el mismo Espíritu Santo encarnado.

    Algunos trinitarios y arrianos, citan una porción del Pastor de Hermas en su intento de mostrar que Jesús como Hijo, preexistía literalmente a su nacimiento como Hijo, y que Él no preexistió como el Espíritu Santo. “El Hijo de Dios es más antiguo que toda su creación, de modo que fue el consejero del Padre en la obra de su creación”. (Parábola 9,12). Sin embargo, Hermas está diciendo que el Hijo es más antiguo que toda la creación, porque fue lo primero trazado en el plan de Dios, en el mismo sentido en que ya había confesado que “la Iglesia… fue creada antes que todas las cosas… y por amor a ella fue formado el mundo”. (Visión 2,4). Sin embargo sabemos que el Hijo y la Iglesia aparecieron realmente en un tiempo posterior al de la obra de creación. Así pues, es en ese sentido que el texto expresa que el Hijo es tanto antiguo como reciente: “explícame esto. La roca y la puerta, ¿qué son? Esta roca, me contestó, y la puerta, son el Hijo de Dios. Señor, le dije, ¿cómo es que la roca es antigua pero la puerta reciente? Escucha, me dijo, y entiende, hombre insensato. El Hijo de Dios es más antiguo que toda su creación, de modo que fue el consejero del Padre en la obra de su creación. Por tanto, también Él es antiguo. Pero la puerta, ¿por qué es reciente, señor?, le pregunté. Porque, dijo él, Él fue manifestado en los últimos días de la consumación; por tanto, la puerta es hecha recientemente, para que los que son salvos puedan entrar por ella en el reino de Dios”. (Parábola 9,12).

    El Hijo es el hombre glorioso y el medio que Dios proveyó para traer la salvación a los hombres. “Pero la puerta es el Hijo de Dios; sólo hay esta entrada al Señor. Nadie puede entrar hasta Él de otra manera que por medio de su Hijo…. El hombre glorioso, dijo él, es el Hijo de Dios”. (Parábola 9,12). “Escucha, me dijo; este gran árbol que hace sombra sobre llanuras y montañas y toda la tierra es la ley de Dios, que fue dada a todo el mundo; y esta ley es el Hijo de Dios predicado a todos los extremos de la tierra”. (Parábola 8,3). El Hijo es el Siervo que se entregó por favor de los hombres, pero a su vez es el Rey de los hombres. “Oye, ahora, y entiende. La hacienda es este mundo, y el señor de la hacienda es el que creó todas las cosas, y las ordenó, y las dotó de su poder, y el siervo es el Hijo de Dios, y las vides son este pueblo a quien Él mismo plantó”. (Parábola 5,5). “el Hijo de Dios no está representado en la forma de un siervo, sino que está representado en gran poder y señorío. ¿Cómo, señor?, dije yo; no lo comprendo. Porque, dijo él, Dios plantó la viña, esto es, creó al pueblo y lo entregó a su Hijo. Y el Hijo colocó a los ángeles a cargo de ellos, para que velaran sobre ellos; y el Hijo mismo limpió sus pecados, trabajando mucho y soportando muchas labores; porque cavar sin trabajar o esforzarse. Habiendo, pues, Él limpiado a su pueblo, les mostró los caminos de vida, dándoles la ley que Él recibió de su Padre. Ves, pues, me dijo, que Él es el mismo Señor del pueblo, habiendo recibido todo el poder de su Padre”. (Parábola 5,6).

    El Espíritu Santo es el Espíritu del Hijo, o el Espíritu del Señor. “Porque el Señor os ha puesto a prueba, y os ha contado entre su número, y toda vuestra simiente morará con el Hijo de Dios; porque recibisteis de su Espíritu”. (Parábola 9,24). “…que el Espíritu que Dios hizo residir en esta tu carne pueda ser hallado veraz a la vista de todos los hombres; y así el Señor, que reside en ti, será glorificado; porque el Señor es fiel en toda palabra, y en Él no hay falsedad”. (Mandamiento 3,1). “…anduvieron siempre en rectitud y verdad, y también recibieron el Espíritu Santo. Estos, por tanto, tendrán entrada con los ángeles”. (Parábola 9,25).

    Como el Espíritu Santo es el Espíritu del Hijo, esto indica que Jesús aún después de su glorificación continúa poseyendo sus atributos humanos, y por eso todavía puede ministrar e interceder por nosotros como el único mediador entre Dios y los hombres, pero ahora habitando dentro de nosotros como el Espíritu. “Ahuyenta de ti, pues, tu tristeza, y no aflijas al Espíritu Santo que mora en ti, para que no suceda que interceda a Dios [contra ti] y se aparte de ti. Porque el Espíritu de Dios, que fue dado a esta carne, no soporta la tristeza ni el ser constreñido”. (Mandamiento 10,2). “…la tristeza mezclada con el Espíritu Santo no produce la misma intercesión (que produciría el Espíritu Santo solo). Por consiguiente, purifícate de tu malvada tristeza, y vivirás para Dios”. (Mandamiento 10,3). “Porque si eres sufrido, el Espíritu Santo que habita en ti será puro, no siendo oscurecido por ningún espíritu malo, sino que residiendo en un gran aposento se regocijará y alegrará con el vaso en que reside, y servirá a Dios con mucha alegría, teniendo prosperidad”. (Mandamiento 5,1).

    El único Dios tiene un único nombre. “…para que su Nombre grande y glorioso pueda ser glorificado, pues me había considerado digno de mostrarme sus maravillas”. (Visión 4,1). “…y bajo la sombra del sauce se habían congregado los que son llamados por el nombre del Señor”. (Parábola 8,1). “Por todas estas cosas yo di gracias al Señor, porque Él tuvo compasión de todos los que invocan su nombre”(Parábola 9,14). “…todos cuantos han sufrido por amor al Nombre son gloriosos a la vista de Dios, y los pecados de ellos fueron quitados porque sufrieron por el nombre del Hijo de Dios”. (Parábola 9,28). “[Por lo tanto] si tú llevas el Nombre, y no llevas su poder, llevarás el Nombre sin ningún resultado”. (Parábola 9,13). “…que han blasfemado al Señor en sus pecados, y todavía más, se avergonzaron del Nombre del Señor, que fue invocado sobre ellos. Estos, pues, perecerán del todo para Dios”. (Parábola 8:6).

    Para Hermas, el bautismo en el nombre de Jesús es la entrada a la iglesia y es para el perdón de los pecados. “Así que por tus preguntas descubrirás la verdad. Oye, pues, por qué la torre es edificada sobre las aguas: es porque vuestra vida es salvada y será salvada por el agua. Pero la torre ha sido fundada por la palabra del Todopoderoso y el Nombre glorioso, y es fortalecida por el poder invisible del Señor”. (Visión 3,3) “Pero los otros, que caen cerca de las aguas y, con todo, no pueden rodar al agua, ¿quieres saber cuáles son? Estos son los que han oído la palabra y quisieran ser bautizados en el nombre del Señor. (Visión 3,7). “Así, pues, dijo él, nadie entrará en el reino de Dios a menos que haya recibido el nombre de su Hijo”.  (Parábola 9,12). “Porque antes que un hombre lleve el nombre [del Hijo de] Dios, es muerto; pero cuando ha recibido el sello, deja a un lado la mortalidad y asume otra vez la vida. El sello, pues, es el agua; así que descienden en el agua muertos y salen vivos. Así que, también a ellos fue predicado este sello, y ellos se beneficiaron de él para poder entrar en el reino de Dios”. (Parábola 9,16).  “Y le dije: Todavía voy a hacer otra pregunta, Señor. Di, me contestó. He oído, Señor, le dije, de ciertos maestros, que no hay otro arrepentimiento aparte del que tuvo lugar cuando descendimos al agua y obtuvimos remisión de nuestros pecados anteriores. Él me contestó: Has oído bien; porque es así. Porque el que ha recibido remisión de pecados ya no debe pecar más, sino vivir en pureza”. (Mandamiento 4,3).


    6. Epístola a Diogneto

    “Diogneto no es sólo un nombre propio, sino también un título honorífico de los príncipes”. [16]  La Carta a Diogneto es de autoría anónima. Se ha propuesto que su autor fue Cuadrato. “Cuadrato es el primer apologista cristiano de quien Eusebio dice que presentó al emperador Adriano una Apología de la religión cristiana (Hist. ecl. IV,3), apología que se perdió, como tantas otras. Eusebio llama a Cuadrato discípulo de los apóstoles, a la par de Clemente, Ignacio, Policarpo y Papías. Cuadrato fue uno de los evangelistas u obispos misioneros fundadores de nuevas comunidades, hombre dotado de carisma profético”. [17] “Esta carta o discurso apologético gozó de la aceptación general de los cristianos desde el principio, menospreciados y perseguidos como estaban por judíos y gentiles por igual”. [18]

    En la Carta a Diogneto, se expresa la creencia en un solo Dios Todopoderoso y Señor del universo, que es el Creador de todas las cosas. “Los judíos, pues, en cuanto se abstienen del modo de culto antes descrito, hacen bien exigiendo reverencia a un Dios del universo y al considerarle como Señor… Porque el que hizo los cielos y la tierra y todas las cosas que hay en ellos, y nos proporciona todo lo que necesitamos, no puede Él mismo necesitar ninguna de estas cosas que El mismo proporciona a aquellos que se imaginan que están dándoselas a Él”. (3). “el Creador Todopoderoso del universo, el Dios invisible mismo de los cielos plantó entre los hombres la verdad y la santa enseñanza”. (7).

    Jesús nuestro Salvador poderoso, es considerado por la Iglesia como el Padre. “habiéndose ahora revelado un Salvador poderoso para salvar incluso a las criaturas que no tienen capacidad para ello, Él quiso que, por las dos razones, nosotros creyéramos en su bondad y le consideráramos como Cuidador, Padre, Maestro, Consejero, Médico, Mente, Luz, Honor, Gloria, Fuerza y Vida”. (9).

    Para salvarnos, Dios no envió a un subalterno, o a un ángel, o a un gobernante, sino que vino el mismo Artífice y Creador del universo, enviado como un hombre entre los hombres en mansedumbre y humildad. “no como alguien podría pensar, enviando (a la humanidad) a un subalterno, o a un ángel, o un gobernante, o uno de los que dirigen los asuntos de la tierra, o uno de aquellos a los que están confiadas las dispensaciones del cielo, sino al mismo Artífice y creador del universo, por quien Él hizo los cielos”. (7). “Porque, ¿qué hombre tenía algún conocimiento de lo que Dios es, antes de que Él viniera?... y ningún hombre ha visto o reconocido a Dios, sino que Él se ha revelado a sí mismo”. (8). “A éste les envió Dios… en mansedumbre y humildad fue enviado… Él le envió como enviando a Dios; le envió a Él como [un hombre] a los hombres; le envió como Salvador”. (7).  A ese hombre que es el Hijo, Dios le reveló su plan eterno, y el Hijo nos reveló el plan de Dios a nosotros. “Y habiendo concebido un plan grande e inefable, lo comunicó sólo a su Hijo. Porque en tanto que Él había mantenido y guardado este plan sabio como un misterio, parecía descuidarnos y no tener interés en nosotros. Pero cuando Él lo reveló por medio de su amado Hijo, y manifestó el propósito que había preparado desde el principio, Él nos dio todos estos dones a la vez, participación en sus beneficios y vista y entendimiento de (misterios) que ninguno de nosotros habría podido esperar”. (8).

    Solamente la teología unicitaria es compatible con el contenido de la Epístola a Diogneto, ya que los otros puntos de vista tales como el trinitarismo, el arrianismo,  el adopcionismo y el socinianismo, no aceptan que el Hijo de Dios sea el mismo Dios Padre encarnado.


    7. Epístola de Bernabé

    El autor de esta obra es desconocido, pero él nunca reclamó ser el apóstol Bernabé, quien acompañó al apóstol Pablo en su primer viaje misionero. Fue Clemente de Alejandría, quien alrededor del año 200 d.C. atribuyó dicha obra a Bernabé. Sin embargo, la crítica moderna concuerda en que Bernabé no fue su autor.

    El escritor de la Epístola de Bernabé, dice que hay un Dios que es Señor de todo y Creador de todo. “Dios, que es el Señor de todo el mundo, os dé sabiduría, discernimiento, entendimiento, conocimiento de sus enseñanzas, y paciencia. Y sed enseñados por Dios, buscando diligentemente lo que el Señor requiere de vosotros”. (19). “Amarás a Aquel que te hizo, temerás a Aquel que te creó, glorificarás a Aquel que te redimió de la muerte; serás simple en el corazón y rico en el espíritu”. (17).

    Dios el Señor tiene un nombre que debemos reverenciar. “Salud en la paz, hijos e hijas, en el nombre del Señor que nos ha amado”.(Salutación). “No tomarás el nombre del Señor en vano”. (17).

    El bautismo en el nombre del Señor es para remisión de los pecados. “Pero inquiramos si el Señor tuvo cuidado en dar a entender de antemano respecto al agua y la cruz. Respecto al agua, está escrito con referencia a Israel que ellos no querían recibir el bautismo que traía remisión de pecados, sino que querían edificar por su cuenta… Esto dijo, porque descendemos al agua cargados con nuestros pecados e inmundicia y nos levantamos de ella dando fruto en el corazón, reposando nuestro temor y esperanza en Jesús en el espíritu”.  (11). “Veo, pues, que hay un templo. ¿Cómo será, pues, construido en el nombre del Señor? Entended. Antes que creyéramos en Dios, la morada de nuestro corazón era corrupta y débil, un templo verdaderamente edificado con las manos; porque estaba lleno de idolatría y era una casa de demonios, porque hacíamos todo lo que era contrario a Dios. Pero será edificado en el nombre del Señor. Observad, pues, que el templo del Señor puede ser edificado gloriosamente. ¿Cómo? Entended. Recibiendo la remisión de nuestros pecados y esperando en el Nombre fuimos hechos nuevos, creados otra vez desde el principio. Por tanto, Dios reside verdaderamente en nuestra morada, dentro de nosotros”. (16).

    Cuando Dios vino a salvar a la humanidad, Él mismo vino en carne y en esa condición se manifestó como el Hijo de Dios. Por esto podemos decir que el Hijo de Dios vino en la carne. “Y cuando escogió a sus propios apóstoles que habían de proclamar su Evangelio, los cuales, para que Él pudiera mostrar que no había venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, eran pecadores en cada pecado, entonces Él se manifestó a sí mismo como siendo el Hijo de Dios. Porque si Él no hubiera venido en la carne, los hombres no le habrían mirado y sido salvos, del mismo modo que cuando miran al sol que dejará de ser, que es la obra de sus manos, no pueden resistir sus rayos. Por tanto, el Hijo de Dios vino en la carne con este fin, para que llegara a su colmo la consumación de los pecados de los que persiguieron y mataron a sus profetas. Para este fin, pues, sufrió Él. Porque Dios dijo de las heridas de su carne que venían de ellos: Cuando golpearán a su propio pastor, entonces las ovejas del rebaño se desparramarán”. (5). “He aquí, pues, hemos sido creados de nuevo, como Él dijo otra vez en otro profeta: ʿHe aquí, dice el Señor, quitaré de ellos, esto es, de aquellos a quienes había previsto el Espíritu del Señor, sus corazones de piedra, y les pondré corazones de carneʾ; porque Él mismo había de ser manifestado en la carne y habitar entre nosotros”. (6).

    El escritor de la Epístola de Bernabé, dijo que en Génesis 1:26 Dios le habló al “Señor de todo el mundo” (5) o le “dijo al Hijo”(6), “Hagamos al hombre según nuestra imagen y semejanza”. Los trinitarios y arrianos han interpretado que dicho escritor estaba hablando aquí de un Hijo que preexistió a su encarnación como una persona distinta al Dios que le habló, pero el contexto nos muestra que más bien dicho escritor estaba pensando en que Dios le habló proféticamente al Hijo, quien sería Dios mismo manifestado en la carne, y que llevaría a los hombres a esa imagen que Dios quería de ellos para hacerlos hijos de Dios. Por ejemplo en el capítulo 5, se nos dice que “el Señor soportó el sufrimiento por nuestras almas, aunque era el Señor de todo el mundo… ¿cómo, pues, soportó el sufrir de la mano de los hombres? Aprendedlo. Los profetas, recibiendo gracia de Él, profetizaron respecto a Él. Pero Él mismo sufrió para poder destruir la muerte y mostrar la resurrección de los muertos, para lo cual era menester que fuera manifestado en la carne; para que al mismo tiempo pudiera redimir la promesa hecha a los padres y, al preparar al nuevo pueblo para sí mismo”. (5). Mientras tanto, en el capítulo 6, se dice que “Por cuanto Él había de ser manifestado en la carne y sufrir, su sufrimiento fue manifestado con antelación… Porque el profeta dice una parábola referente al Señor. ¿Quién entenderá, excepto el que es sabio y prudente y que ama a su Señor? Por cuanto Él, pues, nos renovó en la remisión de pecados, Él nos hizo un nuevo tipo, de modo que pudiéramos tener el alma de hijos, como si hubiéramos sido creados de nuevo… He aquí, pues, hemos sido creados de nuevo, como Él dijo otra vez en otro profeta: ʿHe aquí, dice el Señor, quitaré de ellos, esto es, de aquellos a quienes había previsto el Espíritu del Señor, sus corazones de piedra, y les pondré corazones de carneʾ; porque Él mismo había de ser manifestado en la carne y habitar entre nosotros. (6).


    8. Homilía Antigua o 2. Clemente

    Es la homilía de un autor anónimo, perteneciente al género de la exhortación, cuya composición se dio entre los años 100 a 150 d.C. Tuvo una grande difusión por habérsele atribuido al obispo Clemente de Roma, aunque el autor de la homilía no reclama ser Clemente.

    En la Homilía se confiesa que hay un único Dios invisible que es el Padre de verdad. “Estamos militando en las filas de un Dios vivo; y recibimos entrenamiento en la vida presente, para que podamos ser coronados en la futura… Al único Dios invisible, Padre de la verdad, que nos envió al Salvador y Príncipe de la inmortalidad, por medio del cual Dios también nos hizo manifiesta la verdad y la vida celestial, a Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”. (20).

    El único Dios tiene un único nombre. “Y que no seamos hallados complaciendo a los hombres. Ni deseemos agradarnos los unos a los otros solamente, sino también a los que están fuera, con nuestra justicia, para que el Nombre no sea blasfemado por causa de nosotros. Porque el Señor ha dicho: Mi nombre es blasfemado en todas formas entre todos los gentiles; y también: ¡Ay de aquel por razón del cual mi Nombre es blasfemado!”. (13).

    Todos nosotros debemos pensar en Jesucristo como Dios, porque Él se ha dirigido a nosotros como el Padre y nos ha salvado. “Hermanos, tendríamos que pensar en Jesucristo como Dios y como Juez de los vivos y los muertos… Porque Él nos ha concedido la luz; nos ha hablado como un padre a sus hijos; nos ha salvado cuando perecíamos.”. (1). Al esperar la aparición de Jesucristo, estamos esperando la aparición de Dios. “Por tanto esperemos el reino de Dios a su sazón, en amor y justicia, puesto que no sabemos cuál es el día de la aparición de Dios”. (12).

    En el sentido espiritual, la iglesia fue creada antes del sol y la luna. Por lo tanto, en ese mismo sentido espiritual, el Hijo estuvo en el plan de Dios pero fue manifestado en los postreros días para salvarnos. “Por tanto, hermanos, si hacemos la voluntad de Dios nuestro Padre, seremos de la primera Iglesia, que es espiritual, que fue creada antes que el sol y la luna… Y los libros y los apóstoles declaran de modo inequívoco que la Iglesia no sólo existe ahora por primera vez, sino que ha sido desde el principio: porque era espiritual, como nuestro Jesús era también espiritual, pero fue manifestada en los últimos días para que Él pueda salvarnos”. (14).

    El Espíritu Santo que nos llena, es Jesucristo. “Guardad la carne para que podáis participar del espíritu… el que haya obrado de modo inexcusable con la carne ha obrado de modo inexcusable con la Iglesia. Este, pues, no participará del espíritu, que es Cristo. Tan excelente es la vida y la inmortalidad que esta carne puede recibir como su porción si el Espíritu Santo va unido a ella”. (14).


    9. La Didajé (o Didaché)

    Aunque la Didajé es presentada como la Enseñanza de Los Doce Apóstoles, hay consenso de que esta obra no fue escrita por ninguno de ellos. La mayoría de los eruditos coinciden en que la Didajé es una obra del siglo II. Por ejemplo, el Historiador Johannes Quasten ha sostenido que “La Didaché, en su conjunto, no es una obra coherente, sino una compilación, hecha sin arte, de textos ya existentes”, que “Por su contenido se ve claramente que la obra no data de la era apostólica” y “que estos hechos nos mueven a afirmar que la Didaché debió de ser compilada entre los años 100 y 150. Muy probablemente fue escrita en Siria”. [19]

    Muchos eruditos también han sostenido que la Didajé no fue una obra representativa de las creencias del cristianismo primitivo, y que por esa razón la obra desapareció prontamente. Por ejemplo, M. B. Riddle, en la obra Los Padres Antenicenos, opinó que “la obra representa… solo una fracción muy pequeña de los cristianos durante el siglo II, y que, si bien arroja alguna luz sobre los usos de ese período, no puede considerarse como un testimonio autorizado sobre la fe universal y la práctica de los creyentes en la fecha generalmente asignada. Los pocas noticias de esta y su pronta desaparición, confirman esta posición”. [20]

    Después de estar perdida por muchos siglos, la Didajé fue redescubierta en el año 1883 por Philotheos Bryennios, quien halló un manuscrito griego en el Códice Jerosolimitano del año 1056. Debido a la ausencia de otras copias griegas, no es posible determinar la pureza del texto. También “tenemos un fragmento de una traducción latina del siglo X que contiene muchas variaciones textuales”. [21]

    La Didajé habla de un solo Dios. “El camino de la vida es éste. Primero, amarás a Dios que te hizo”. (1,2).

    Ese solo Dios es el Padre y Señor Omnipotente, Creador de todas las cosas  y el dueño del gran nombre; el que nos dio vida eterna por medio de su Hijo. “ʿTú, Señor omnipotente, creaste todas las cosas por amor a tu nombre, y diste comida y bebida a los hombres para que disfrutaran de ellas, y para que pudieran darte gracias a ti; pero a nosotros nos has concedido alimento y bebida espiritual y vida eterna por medio de tu Hijo. Ante todo, te damos gracias porque eres poderoso; tuya es la gloria para siempre jamásʾ”. (10,2). “En todo lugar y en todo tiempo ofrecedme un sacrificio puro; porque yo soy un gran rey, dice el Señor, y mi nombre es maravilloso entre las naciones”. (14,3).

    Como el único Dios es el Padre, las oraciones se dirigen solo a Él, agradeciéndole por la vida y el conocimiento que Él nos ha dado por medio de su Hijo. “En cuanto a la acción de gracias eucarística, dad gracias de esta manera. Primero, por lo que se refiere a la copa: ʿTe damos gracias, Padre nuestro, por la santa vid de tu hijo David, la cual nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamásʾ. Luego, por lo que respecta al pan partido: ʿTe damos gracias, Padre nuestro, por la vida y conocimiento que tú nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamásʾ”. (9,1-3). “Después, cuando estéis satisfechos, dad gracias así: ʿTe damos gracias, Padre Santo, por tu santo nombre, porque tú has puesto tu tabernáculo en nuestros corazones, y por el conocimiento y fe e inmortalidad que nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamásʾ”. (10,1).

    La Didajé sostiene que ninguno puede participar de la eucaristía (o santa cena), si no ha sido bautizado en el nombre del Señor para ser santificado. “Pero que ninguno coma o beba de esta acción de gracias, a menos que haya sido bautizado en el nombre del Señor, porque respecto a esto también ha dicho el Señor: No deis lo santo a los perros”. (9,5).

    El capítulo 7 de la Didajé, dice: “os bautizaréis en el nombredel Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo en agua viva (corriente)”. (7,1). Aquí está claro que se está mandando a bautizar en un nombre, que es el nombre del Señor, tal como se expresa en 9,5. Los trinitarios sostienen que esta es una referencia a la trinidad, pero ni aquí, ni en ninguna otra parte de la Didajé, se dice que haya tres personas en un solo Dios. Además es muy probable que el texto de 7,1 mencionó originalmente solamente la frase, “en el nombre del Señor”, y que un posterior escriba católico romano, incómodo por esta forma, la llevó a como está hoy. En el mismo capítulo 7, la Didajé imparte varias doctrinas extrabíblicas con respecto al bautismo, tales como que el candidato al bautismo debe ayunar uno o dos días antes de su bautismo, que en lo posible se debe usar agua fría, que es preferible ser bautizado en una corriente de agua (agua viva), y que si es imposible que la persona se sumerja totalmente, entonces se le debe verter agua en tres tiempos.

    En resumen, la Didajé proclama la verdad de un solo Dios, reconoce al Padre como el único Dios y por eso le dirige las acciones de gracias y las oraciones solamente a Él, le agradece al Padre por habernos dado a su Hijo que ofreció su carne y derramó su sangre para darnos salvación (lo que demuestra claramente la condición humana del Hijo), y dice que el bautismo en el nombre del Señor nos santifica y nos permite participar de la eucaristía, todo lo cual está acorde con la teología unicitaria. Sin embargo, también hallamos en la Didajé, muchas doctrinas extrabíblicas, lo cual demuestra que la obra no representaba al cristianismo en general, y por eso fue relegada rápidamente durante los primeros siglos de la iglesia.


    Referencias

    [1] El arrianismo sostiene que el Hijo fue el primer ser creado por Dios, es el agente supremo de Dios, y en efecto se trata de un dios menor o un semidiós. El adopcionismo o dinamismo, sostiene que el Hijo es un hombre que proviene de un engendramiento normal, y que en alguna parte de su vida reposó sobre él la dynamis o poder de Dios, siendo así adoptado como Hijo de parte de Dios. El socinianismo dice que Jesús es solamente un hombre, pero tiene un aspecto que lo hace especial y es que fue engendrado milagrosamente por Dios en la virgen María, por lo cual el Hijo no es Dios en lo absoluto. El trinitarismo sostiene que Dios es un ser único, que existe como tres personas divinas y distintas, y que solo la segunda persona divina y distinta llamada el Hijo se manifestó en carne para salvar, mientras que las otras dos no lo hicieron.
    [2] Johannes Quasten. Patrología, Parte I. Hasta el Concilio de Nicea. Edición española preparada por Ignacio Oñatibia. Tercera Edición. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 1986. La obra original en inglés fue publicada en 1950-1953. Págs. 52-53.
    [3] En la versión larga de Clemente, encontramos estos otros apartes relacionados con el nombre del único Dios. “nos ha llamado de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al pleno conocimiento de la gloria de su Nombre”. (59). “Concédenos, Señor, que podamos poner nuestra esperanza en tu Nombre, que es la causa primaria de toda la creación, y abramos los ojos de nuestros corazones para que podamos conocerte a Ti, que eres sólo el más Alto entre los altos, el Santo entre los santos”. (60).
    [4] En la versión larga de Clemente, encontramos estos otros apartes que destacan la obra de Jesús como Hombre, como el Hijo. “Que todos los gentiles sepan que sólo Tú eres Dios, y Jesucristo es tu Hijo, y nosotros somos tu pueblo y ovejas de tu prado”. (60). “Te alabamos por medio del Sumo Sacerdote y guardián de nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea a Ti la gloria y la majestad ahora y por los siglos de los siglos! Amén”. (62).
    [5] Steven Ritchie. Introduction to the Epistles of 1 And 2 Clement. http://www.apostolicchristianfaith.com/single-post/2016/10/22/Introduction-to-1-and-2-Clement
    [6] Tertuliano. Contra Práxeas (Adversus Praxeam). En el capítulo 1 de esa obra, Tertuliano ridiculizando a los monarquianos, escribe: “Dice que el Padre mismo descendió hasta la virgen, Él mismo nació de ella, Él mismo sufrió, y que en definitiva Él [el Padre] es el propio Jesucristo”. http://fe-biblica.blogspot.com.co/2017/01/contra-praxeas-adversus-praxeam-por.html
    [7] Virginia Corwin. St. Ignatius and Christianity in Antioch. New Haven: Yale University Press. 1960. Pág. 126. Como es citado por J. N. Anderson, Reading Ignatius of Antioch : The God Who Suffers, 2011.
    http://evidentialfaith.blogspot.com.co/2011/07/reading-ignatius-god-who-suffers.html
    [8] Jaroslav Pelikan. The Christian Tradition – Vol. 1. The Emergence of the Catholic Tradition (100–600). University of Chicago Press. 1971. Pág. 177.
    [9] Friedrich Loofs. Leitfaden zum Studium der Dogmengeschichte, ed. 1950 § I 5,4. Como es citado por J. N. D. Kelly, Early Christian Doctrines. 5ª Edición. Reimpresión 2006. Pág.93.
    [10] Edmund J. Fortman. The Triune God: A Historical Study of the Doctrine of the Trinity. Reimpresión 1999, Pág. 40.
    [11] Steven Ritchie. The Theology of Ignatius (60-108 AD). http://www.apostolicchristianfaith.com/single-post/2017/05/13/Ignatius-of-Antioch-Theology-of-Theological-view-Oneness-Modalism
    [12] Johannes Quasten. Patrología, Parte I. Hasta el Concilio de Nicea. Pág. 86
    [13] Butler. Vida de Los Santos – San Policarpo Obispo de Esmirna, Mártir. http://www.corazones.org/santos/policarpo.htm
    [14] Jack N. Sparks (Editor). The Apostolic Fathers. Nashville, 1978. Como es citado por Steven Ritchie en The Theology of the Shepherd of Hermas.
    http://www.apostolicchristianfaith.com/single-post/2016/10/23/The-Shepherd-of-Hermas-Theology-of
    [15]Johannes Quasten. Patrología, Parte I. Pág. 107
    [16] Alfonso Ropero (Compilador). Lo Mejor de los Padres Apostólicos. Editorial Clie, Barcelona, 2004. Pág. 78.
    [17] Ibídem. Pág. 77.
    [18] Ibídem. Pág. 75.
    [19] Johannes Quasten. Pág. 44
    [20] Alexander Roberts y otros (Editores). The Ante-Nicene Fathers, Vol. 7. Fathers of the Third and Fourth Century. 1886. Reimpreso en 2007, Editorial Cosimo Classics, Nueva York, Pág. 375.
    [21] David K. Bernard. Oneness and Trinity, A.D. 100-300 - The Doctrine of God in Ancient Christian Writings. 1998, Word Aflame Press. Pág. 51.


  2. Por David K. Bernard.
    © 2002. Todos los Derechos Reservador
    Capítulo 1. del libro Los Dones Espirituales


    La Biblia enseña que cada creyente es y debe funcionar como una parte vital del cuerpo de Cristo. Dios ha concedido muchos dones sobre su iglesia. Él ha dotado a los miembros con habilidades especiales y ministerios para beneficio de todo el cuerpo tanto a nivel nacional, como a nivel mundial.

    Tres pasajes en el Nuevo Testamento—Romanos 12, Efesios 4, y I Corintios 12—mencionan algunos dones que Dios ha otorgado a su iglesia. Romanos 12 habla de las habilidades, talentos o funciones que Dios da a todos los creyentes. Efesios 4 identifica los oficios especiales del liderazgo y ministerio que Dios ha dado a la iglesia. En I Corintios 12 hallamos señales sobrenaturales, prodigios y milagros que se suceden por la operación directa y el poder del Espíritu Santo. Para hacerlo más claro, nombraremos estas tres listas respectivamente como los dones de servicio, los dones del oficio ministerial, y los dones sobrenaturales. En este capítulo hablaremos acerca de los dones de servicio y los dones del oficio ministerial; El resto del libro será dedicado a los dones espirituales sobrenaturales de I Corintios 12-14.

    Las tres listas de los dones, son como sigue:

    Los Dones de Servicio (Romanos 12:6-8)
    1. Profecía
    2. Ministerio
    3. Enseñanza
    4. Exhortación
    5. Repartir
    6. Presidir (de acuerdo a la RVR)
    7. Mostrando misericordia.

    Los Dones del Oficio Ministerial (Efesios 4:11)
    1. Apóstoles
    2. Profetas
    3. Evangelistas
    4. Pastores
    5. Maestros

    Los Dones Espirituales Sobrenaturales (I Corintios 12:8-10)
    1. Palabra de sabiduría
    2. Palabra de ciencia
    3. Fe
    4. Dones de sanidad
    5. El hacer milagros
    6. Profecía
    7. Discernimiento de espíritus
    8. Diversos géneros de lenguas
    9. Interpretación de lenguas

    Hallamos también en I Corintios 12:28-30 una lista que combina elementos de cada uno de las categorías precedentes:

    1. Apóstoles
    2. Profetas
    3. Maestros
    4. Milagros (también "hacedores de milagros", ver¬sículo 29)
    5. Dones de sanidades
    6. Ayudas (similar a "ministerio")
    7. Administraciones
    8. Variedades de lenguas
    9. Interpretación de lenguas (versículo 30).


    LOS DONES DE SERVICIO

    "Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que con reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría" (Romanos 12:3-8).

    En este pasaje, Pablo habló por la gracia dada a él, a saber, en virtud de su llamamiento divino como un apóstol. Al hacerlo, llegó a ser un ejemplo de su propio mensaje. Su mensaje inspirado a cada creyente individual es: debemos ser humildes, reconociendo que Dios es el autor de todo lo que logramos espiritualmente. No debemos pensar de nosotros mismos muy altamente, pero debemos pensar con el juicio sobrio.

    Debemos hacer esta seria estimación de acuerdo con la fe que Dios nos ha dado. No tenemos ninguna razón para estimarnos más altamente que otros, cuando nos damos cuenta de que Dios es la fuente de nuestra fe y que Dios ha dado fe a todos en la iglesia.

    Como una analogía, el cuerpo humano tiene muchas partes, pero no todos estos miembros tienen la misma función. Hay un cuerpo pero muchos miembros—un cuerpo pero diferentes funciones. Similarmente, la iglesia es el cuerpo de Cristo, y los cristianos son todos miembros de ese cuerpo. (Véase también I Corintios 12:12-¬27). Así cada uno es parte de los demás; cada uno es dependiente, el uno del otro.

    Los diferentes miembros de la iglesia tienen diferentes oficios y dones, tal como las partes del cuerpo tienen diferentes funciones. Por esta razón no nos atrevemos a compararlos con nosotros mismos (II Corintios 10:12), pero debemos reconocer una diversidad de funciones y reconocer el valor de los diferentes miembros del cuerpo. Debemos tratar de identificar nuestros dones particulares y ejercerlos en lo mejor posible para el beneficio de todo el cuerpo. En vez de tratar de cumplir cada tarea en el cuerpo, debemos concentrarnos en las funciones particulares que Dios nos ha dado y debemos hacerlas bien.

    La palabra griega para "dones" aquí es charismata, el plural de charisma. También se usa en referencia a los nueve dones espirituales de I Corintios 12. Esta palabra está relacionada a charis o "gracia", que se refiere a la libre y no merecida bendición y obra de Dios. La connotación es que estos dones son dotaciones de Dios, gratuitas, no merecidas y milagrosas.

    En el contexto, Pablo citó siete ejemplos de su tesis. Su manera de presentación revela que la lista de dones aquí no es exhaustiva sino representativa o ilustrativa de las maneras en que Dios usa a los individuos en su iglesia. Hay muchos otros aspectos de servicio cristiano que este pasaje no identifica específicamente.

    También podemos describir estos dones de servicio, como funciones espirituales o ministerios (avenidas de servicio) en la iglesia. Una persona puede ejercer varios de ellos, y pueden ser dones que se traslapan un poco.

    Estos verdaderamente son dones de Dios y no simplemente logros humanos. Aunque hay algunas habilidades humanas naturales que corresponden a esta lista, por lo menos en parte, aún los talentos que recibimos por naturaleza o crianza tienen su última fuente en el diseño, propósito y gracia de Dios. Además, la obra de la gracia de Dios en el cristiano, lo capacita para ejercer sus capacidades en el reino espiritual y para el beneficio de la iglesia, transcendiendo su capacidad carnal humana. En la vida del cristiano, Dios puede santificar, edificar y añadir a los talentos que tenía antes que él se convirtiera a Dios, o Dios puede darle unos talentos completamente nuevos. En cualquier sentido, estos dones vienen por la gracia de Dios.

    El primer don en la lista, profecía, significa un mensaje divinamente inspirado, o hablar bajo unción divina para edificar a otros. No necesariamente involucra una predicción del futuro. Puede referirse específicamente a un mensaje público sobrenatural en el idioma de la concurrencia (I Corintios  4:29-31), pero aquí parece tener el significando más general de testimonio, proclamación o predicación ungidos. (Véase Hechos 2:17; I Corintios 14:3; Apocalipsis 19:10). Los predicadores laicos, incluyendo a aquellos que hablan en los cultos o en varias instituciones, como en las cárceles y asilos, son un buen ejemplo de este don en operación.

    Si alguien tiene este don, debe ejercerlo en proporción a su fe—tanto como la medida de su fe lo capacite. Quizás esta declaración significa que él deba testificar o predicar conforme a la fe (la doctrina o el cuerpo de creencia).

    Ministerio significa servicio a otros; particularmente servicio en la iglesia. Algunas personas son dotadas especialmente con una actitud y habilidad de servicio en ciertas capacidades. La palabra griega es diakonia, que es una palabra amplia que cubre una variedad de servicio, obra o asistencia. También puede referirse específicamente a la obra de un diácono, quien ayuda con los negocios y asuntos organizacionales en una iglesia local. (Véase Hechos 6:1-6; I Timoteo 3:8-13).

    Entonces hay el don de enseñanza e instrucción. Los maestros de Estudios Bíblicos en el hogar y los maestros de Escuela Dominical son ejemplos modernos de personas quienes operan este don.

    Exhortación significa dar ánimo o consuelo. Algunas personas ejercen este don por testimonio público, mientras otros lo hacen principalmente por contacto personal de distintas formas incluyendo la amistad, llamadas tele¬fónicas, las cartas y tarjetas. José era tan conocido por su uso de este don, que los apóstoles le dieron el sobrenombre de Bernabé, que significa "el Hijo de estímulo o consolación." (Véase Hechos 4:36; 9:26-27).

    El don de repartir es compartir bendiciones materiales con otros y con la iglesia. Algunas personas son ben¬decidas más notablemente que otras, con los medios y la oportunidad de dar a la causa de Dios. No deben considerar sus bendiciones materiales como un indicio de superioridad, sino como una dádiva de Dios para el propósito de ayudar a su reino de una manera especial. No deben ser egoístas sino generosos, reconociendo que en el plan de Dios tienen mayor capacidad y responsabilidad para dar que la mayoría de los demás.

    Presidir habla de dirección e influencia dentro de la iglesia. Los líderes deben ejercer su papel con diligencia, cuidado y dedicación. Dios ha ordenado gobernadores o líderes en su iglesia. Es importante someternos a la autoridad humana en la iglesia (Hebreos 13:17), con tal de que los líderes humanos ejerzan su autoridad bajo Dios, de acuerdo a las pautas de su Palabra. La iglesia tiene necesidad de varias personas con capacidades de liderazgo y administración. Además del pastor y el equipo pastoral, la congregación exitosa tendrá líderes capaces sobre varios departamentos y actividades tanto como  hacedores de influencia de opiniones y ejemplos que puedan o no tener una posición oficial.

    Hacer misericordia,significa ser misericordioso y bondadoso con otros. Puede incluir visitar a los enfermos, ayudar a los pobres, y ayudar a las viudas y huérfanos. (Véase Mateo 25:31-46; Gálatas 2:10; Santiago 1:27; 2:15-17). Una persona que desarrolle este papel debe hacerlo alegremente, y no a regañadientes, triste¬mente o con aire de superioridad.

    En cierta medida, cada cristiano maduro debe poder funcionar en las siete áreas recién nombradas. Todo cristiano debe ser un testigo eficaz para servir, para animar, para dar, y para mostrar misericordia. Todos deben tener una capacidad básica para instruir a los inconversos en el plan de la salvación y para guiar a nuevos conversos en el camino del Señor. Sin embargo, este pasaje nos dice que cada cristiano tiene algún área de fuerza especial, dada por Dios. Aunque debemos siempre estar "dispuestos a toda buena obra" (Tito 3:1), debemos discernir lo que son nuestros puntos fuertes y usarlos eficazmente.

    En resumen, cada cristiano tiene un don, papel o función particular en la iglesia, o posiblemente varios de ellos. Lo que Dios le haya dado para hacer, debe ejercerlo al máximo de su capacidad,  pero siempre con humildad.


    LOS DONES DEL OFICIO MINISTERIAL

    "Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres . . . Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor" (Efesios 4:8, 11-16).

    Este pasaje presenta lo que es llamado muchas veces el ministerio quintuple. Los cinco ministerios que se enumeran, no son simplemente los dones de Dios a individuos dentro de la iglesia, sino son dones de Dios (griego, domata) a toda la iglesia.

    Aunque Romanos 12 habla de capacidades o funciones, usando tanto sustantivos como verbos para describir la operación de los dones de servicio, Efesios 1 habla de oficios, usando sustantivos para designarlos. La indicación es que los dones de Efesios 4 son ministerios más formales o definidos dentro de y para la iglesia entera. Cuando Jesús ascendió a los cielos, Él dio dones a la Iglesia—los ministros del evangelio.

    Como el pasaje revela, las personas que ocupan estos oficios son líderes reconocidos en la iglesia, responsables de equipar a otros, y en esta manera ellos ayudan a la iglesia a funcionar eficazmente, madurar y establecerse en verdades doctrinales. La naturaleza de su obra requiere que sean predicadores del evangelio. En terminología moderna, típicamente les llamamos ministros, usando esta designación en un sentido especial.

    La palabra "unos" aparece una vez y la palabra "otros" aparece tres veces en el versículo 11, así modificando separadamente "apóstoles", "profetas" y "evangelistas" pero modificando a "pastores y maestros" como una unidad. Lo que se implica es que la misma persona desarrolla ambas funciones, de pastor y de maestro. De hecho, mientras el pastor debe hacer "obra de evangelista" (II Timoteo 4:5), su principal ministerio en la Palabra es el de enseñar. Él debe ser "apto para enseñar" (1 Timoteo 3:2; II Timoteo 2:24). Algunos ministros tienen un llamamiento y especialidad más específicos para enseñar, pero todos los pastores también deben ser maestros.

    Un apóstol(griego, apostolos), es literalmente alguien enviado con una misión, un mensajero; un embajador, un comisionado. Aunque nadie, puede tomar el lugar de los doce apóstoles del Cordero (Apocalipsis 21:14), los que eran testigos oculares de Cristo, otros hoy en día cumplen un oficio apostólico sirviendo como misioneros pioneros y líderes de otros ministros.

    Por ejemplo, la iglesia en Antioquía envió a Pablo y a Bernabé como los misioneros pioneros, y ellos llegaron a ser conocidos como apóstoles aunque ninguno de ellos formó parte de los doce. (Véase Hechos 13:2-4; 14:14; I Corintios 9:2). En la misma manera, Santiago (Jacobo) el hermano del Señor era un apóstol (Gálatas 1:19). Aunque no era uno de los Doce, era el líder de la iglesia en Jerusalén. (Véase los Hechos 15:13; 21:18). Andrónico y Junias al parecer eran apóstoles también (Romanos 16:7).

    Un profetaes uno que imparte mensajes especiales o una dirección de Dios. (Véase Hechos 11:27; 15:32; 21:10). Aunque muchas personas en la iglesia pueden profetizar de tiempo en tiempo, el oficio de un profeta es cumplido por alguien a quien Dios usa de esta manera en forma consistente en su ministerio público. Todos los predicadores deben predicar la Palabra de Dios y predicar bajo la unción del Espíritu Santo, pero el profeta es lla¬mado y preparado especialmente para proclamar la voluntad específica, el propósito, y el consejo de Dios a su pueblo. Frecuentemente comunicará mensajes acerca del plan de Dios para el futuro o la necesidad de la iglesia de tomar acción en el plan de Dios.

    De los ejemplos en el Libro de los Hechos, es evidente que los oficios de apóstol y profeta son para la iglesia en todo tiempo. Durante los siglos, muchos falsos apóstoles y profetas se han levantado, reclamando aquellos títulos en un esfuerzo de afirmar su autoridad suprema en la iglesia (1 Juan 4:1; Apocalipsis 2:2). Sin embargo, la Biblia es nuestra única autoridad para la salvación y para la vida Cristiana, y aquellos que proclaman cualquier otro evangelio son anatema (Gálatas 1:8-9; 11 Timoteo 3:15¬-17). Puede ser que no sea una cosa sabia que alguien reclame ser apóstol o profeta, ni que otros lo promuevan así. Pero debemos reconocer, animar y prestar atención a los ministerios apostólicos y proféticos en nuestro medio.

    Un evangelistaes literalmente un predicador del evangelio. Él proclama las buenas nuevas para el beneficio de los inconversos. (Véase Hechos 21:8; II Timoteo 4:5). Este término bíblico no se limita a la usanza moderna de un predicador itinerante, quien conduce cultos especiales. Más bien, connota la idea de un ministro quién es particularmente eficaz en ganar almas, sea por medio de testificar persona a persona, o por medio de la predicación pública.

    Un pastor es uno que guía y cuida el pueblo de Dios. La Biblia también habla de él como un obispo (literalmente, "supervisor") y como un anciano. (Véase Hechos 14:23; 20:17, 28; I Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9).

    I Pedro 5:1-4 describe el papel del pastor como guiar, supervisar e instruir a los creyentes bajo su cuidado: "Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino, con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria."

    El Nuevo Testamento siempre habla de ancianos en el plural, indicando que en cada ciudad la iglesia fue dirigida por un equipo pastoral. Las Escrituras, la historia, y el sentido común, todos indican que había un pastor principal o un anciano dirigente. (Véase los capítulos 2-3 de Apocalipsis, en los cuales Jesús dirigió una carta al "ángel", literalmente "mensajero" de cada una de las siete iglesias en Asia Menor). Hoy podemos pensar en los ancianos de la iglesia en una ciudad, como el pastor principal y el equipo pastoral de una iglesia local, o como los pastores de varias congregaciones en una ciudad quienes cooperan como parte de la misma organización.

    Un maestro es uno que instruye en la Palabra de Dios. (Véase Hechos 13:1). Como ya hemos visto, en este contexto, describe específicamente el papel de predicar y enseñar como un supervisor en una iglesia local. Aunque muchas personas en la iglesia pueden tener el don de enseñar y pueden enseñar eficazmente en distintos ambientes, tales como clases de la Escuela Dominical y Estudios Bíblicos en los hogares, el oficio del pastor-maestro les es superior. El pastor-maestro es el principal predicador y maestro de la Palabra. Dios no solo le ha dado el don de enseñar, pero Dios lo ha dado a la iglesia como su maestro y supervisor.

    El versículo 12 explica el propósito por lo cual Dios ha dado apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros a la iglesia. En este caso, un estudio del texto griego y varias traducciones revela que hay un solo propósito con una progresión triple, como sigue:

    1. Dios da a la iglesia los oficios ministeriales "a fin de perfeccionar" a los santos.

    2. Los santos están equipados para que puedan hacer "la obra del ministerio". Aquí "ministerio" significa "servicio", o todas las funciones de la iglesia. Cada creyente debe  tener un ministerio—no necesariamente un ministerio público de predicar, sino un lugar específico de servicio en el cuerpo de Cristo. Es la tarea de los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, la de ayudar a cada santo a hallar su obra ministerial y de prepararle para que pueda hacer aquella tarea correctamente dentro del cuerpo. Los que ocupan los cinco oficios ministeriales deben inspirar, motivar, discipular, instruir y preparar a los santos para que todos sean miembros activos y productivos del cuerpo.

    3. Cuando cada miembro del cuerpo cumple con su debida función, todo el cuerpo será edificado. La meta es de lograr la madurez en Cristo. Comenzando con "la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3), debemos procurar "la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13).

    Según Efesios 4:14-16, cada cuerpo local de creyentes debe buscar varias características específicas en su crecimiento hacia la madurez:

    1. Estableciéndose en la fe para que no sean movidos por doctrina falsa y líderes falsos.

    2. Siguiendo la verdad en amor. Ellos aprenden a ministrar unos a otros y a los incrédulos, con un equilibrio de honestidad y compasión, de igual manera valorando y manifestando la verdad y el amor.

    3. Sometiéndose al señorío del Señor Jesucristo en todas las cosas y dependiendo de su divina providencia para todas las cosas.

    4. Aprendiendo todos a contribuir con su parte a la obra de la iglesia, para que el cuerpo pueda crecer y edificarse en amor.


    RESUMEN

    Los dones de servicio del Capítulo 12 de Romanos, son ejemplos de cómo Dios da a cada miembro de la iglesia una o más habilidades especiales para poder funcionar productivamente en el cuerpo. Los dones del oficio ministerial de Efesios 4, son la dotación de Dios a la iglesia tanto nacional como mundial, con el propósito de equipar a los miembros para sus tareas asignadas.

    Además, Dios ha dado a la iglesia los dones espirituales sobrenaturales de I Corintios 12, como señales milagrosas para atestiguar a la obra de la iglesia y como dotaciones milagrosas para extender la obra de la iglesia.


  3. Por Julio César Clavijo Sierra
    © 2018. Todos los Derechos Reservados
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    El secularismo o laicismo, es la ideología que tiene como fin eliminar cualquier influencia religiosa de la vida pública de una sociedad y de las decisiones políticas de un Estado. Según el secularismo, las personas deben mantener su fe religiosa enclaustrada en el ámbito privado, por lo cual se condena la expresión pública de la fe. En algunas ocasiones el secularismo también ha recibido el nombre de “humanismo”, por su insistencia en que se debe oír la voz del hombre y no la de Dios. El secularismo es promovido por élites económicas poderosas, que usando los medios de comunicación y la política, han procurado manipular a la opinión pública logrando el avance del secularismo a pasos agigantados, al punto que se puede asegurar que el mundo de hoy, es en un mundo secularizado en un alto porcentaje.

    La iglesia contemporánea tiene grandes desafíos frente a este mundo secularizado, pero el principal de todos es el de continuar presentando las verdades bíblicas sin comprometer ninguna de ellas, llenándose de todo valor y confianza en Dios. Si la iglesia deja de predicar y practicar todo el consejo de Dios, entonces va a dejar de ser la iglesia, y va a tender hacia el mismo proceso de secularización mundial. Por lo tanto, la teología cristiana debe esforzarse por presentar la misma Palabra no adulterada, con una actualización en los métodos y en las formas de transmitirlo, de tal manera que toque las fibras del hombre contemporáneo, expresando los principios bíblicos en aplicaciones actuales. Aún en este tiempo, Dios todavía quiere y puede salvar al hombre, de manera que no debemos desanimarnos o desistir de seguir anunciando la verdad.

    Existe la necesidad de elaborar una teología contemporánea, en razón a que la Iglesia de hoy se ve enfrentada ante cambios culturales, tecnológicos y del conocimiento, que conllevan a que tengamos que enfrentar nuevos desafíos, por lo cual tenemos que reflexionar sobre cómo presentar la Palabra de Dios de una forma acorde con nuestra época. Las verdades y los principios bíblicos son universales y aplicables a cualquier contexto, pero las aplicaciones que la iglesia les da, sí pueden y deben variar de acuerdo al contexto cultural y cronológico. La teología puede iluminar nuestra historia contemporánea, ayudando a la iglesia de hoy a clarificar su posición como pueblo de Dios, en cuanto a la reflexión sobre sus propios fundamentos y sobre la manera de transmitir el mensaje que debe darle al mundo.

    La teología es la reflexión sobre la revelación que Dios nos ha dado en su Palabra, para encontrar lo que dicho mensaje debe significar para el hombre de cada época, y cómo éste debe ser comunicado, a fin de que los hombres aprecien las respuestas que la Biblia proporciona ante los problemas de cada tiempo y circunstancia. Algunos puntos en los que considero que se debe enfatizar, para enfrentar a la corriente secularista, son los siguientes:

    1. El quehacer teológico de la Iglesia, debe estar ligado al continuo avivamiento, que nos conduzca a un mayor amor por Dios y por nuestro prójimo, de tal manera que seamos movidos a construir el Reino de Dios, comprometiéndonos con un testimonio digno, con la oración, la predicación, la evangelización y un mayor compromiso social. Se debe enfatizar en el sacerdocio de todos los creyentes, para que cada uno asuma su parte y labor en el Reino de Dios.

    2. La iglesia debe continuar peleando la buena batalla de la fe, ante las doctrinas diversas y extrañas que falsean y atacan el mensaje bíblico.

    3. La teología debe proveer razones al hombre contemporáneo, para que éste entienda por qué Dios es real, y por qué Él debe ser lo primero en nuestras vidas.

    4. La teología debe desafiar la inteligencia del hombre contemporáneo, a través del el estudio crítico-científico de la Biblia, apoyado en las ciencias naturales, sociales y humanísticas, proveyendo nuevas herramientas para la exégesis bíblica. Por ende, se debe trabajar en una teología de la ciencia y la tecnología, demostrando que el avance del conocimiento en estos campos proporciona razones inteligentes para creer y respetar al Dios creador, pero donde también se haga claridad que ciertas aplicaciones que el hombre le da a la ciencia y la tecnología, van en contra de la voluntad de Dios y del respeto por nuestro prójimo.

    5. La teología debe demostrar que el fin de la verdadera religión no es el de poner ataduras agobiantes sobre el hombre. Por el contrario, lo que Dios quiere es hacer libre al hombre. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Los mandamientos bíblicos están hechos para liberar al hombre, no para ponerle un yugo pesado. Dios ha hecho al hombre libre para vivir su propia vida y para ser responsable de sí mismo tomando sus propias decisiones. Sin embargo, el hombre debe saber que sobre todas las cosas que haga, Dios lo juzgará (Eclesiastés 11:9). El hombre sí tiene un yugo del cual emanciparse, pero ese es el de la religiosidad vana y el pecado.

    6. Se debe hacer una teología donde se demuestre que el buscar congregarse en una iglesia de sana doctrina, es vital para relacionarse con Dios y para vivir la vida cristiana. La iglesia es la luz que testifica a Cristo en medio de un mundo malo.

    7. La teología debe enfatizar que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. No todas las leyes o normas adoptadas por un país están de acuerdo con los principios bíblicos y la moral (por ejemplo el aborto, la agenda LGBTI, la eutanasia, etc.), por lo tanto se debe enfatizar en la objeción de conciencia y la libertad religiosa, y se debe luchar por mantener esos privilegios donde quiera que nos encontremos. Debemos buscar influir en las leyes de nuestras naciones, haciendo presencia a través de los medios legales a los que tengamos derecho. 

    8. En el actual momento de globalización y concentración del poder en pocas manos, la teología tendría que responder vehementemente ante las injusticias sociales derivadas de diversos modelos económico-políticos que arrasan de manera egoísta al prójimo.

    Si el lector tiene otros puntos que deberían tenerse en consideración, lo invito a que me los haga saber en los comentarios.


  4. Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
    Capítulo 9, del libro: “El Caso de la Teología de la Unicidad”.
    Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
    Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com

    Para ver otros capítulos de esta obra de clic aquí:
    (Capítulo 1), (Capítulo 2), (Capítulo 3), (Capítulo 4), (Capítulo 5), (Capítulo 6), (Capítulo 7), (Capítulo 8), (Capítulo 9).



    Punto de Vista Teológico: El Modalismo

    La evidencia histórica, prueba que Clemente de Roma fue un anciano líder de la iglesia del primer siglo en Roma, mucho antes de convertirse en el obispo principal de la ciudad. La palabra “obispo” simplemente significa “superintendente”. La literatura cristiana primitiva existente, dice que Clemente conoció personalmente tanto a Pedro como a Pablo antes de convertirse en el obispo de la ciudad de Roma. De hecho, la literatura cristiana más antigua, reconoció unánimemente que Clemente fue el reputado autor de 1ª y 2ª de Clemente durante el primer siglo.


    ¿Exactamente, Cuándo Fue Escrita 1ª Clemente?

    1ª Clemente capítulo 41:1-3, prueba que la Primera Epístola de Clemente, fue escrita antes de la destrucción del templo en Jerusalén.

    “Hermanos, los sacrificios diarios continuos no son ofrecidos en cualquier lugar, o las ofrendas voluntarias, o las ofrendas por el pecado y las faltas, sino que son ofrecidos sólo en Jerusalén. E incluso allí, la ofrenda no es presentada en cualquier lugar, sino ante el santuario en el patio del altar; y esto además por medio del sumo sacerdote y los ministros mencionados, después que la víctima a ofrecer ha sido inspeccionada por si tiene algún defecto. Los que hacen algo contrario a la ordenanza debida, dada por su voluntad, reciben como castigo la muerte”. (1ª Clemente 41:1-3. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente1.htm).

    ¿Por qué escribiría Clemente: “los sacrificios diarios continuos no son ofrecidos en cualquier lugar” y que “por medio del sumo sacerdote… la víctima a ofrecer ha sido inspeccionada, si el templo en Jerusalén ya había sido destruido? Si el templo en Jerusalén ya hubiera sido destruido cuando Clemente escribió su epístola, entonces él debería haber escrito que los sacrificios diarios “fueron” ofrecidos y que esas ofrendas “fueron” primero inspeccionadas por el sumo sacerdote en un tiempo pasado, en lugar de declarar que esos sacrificios y esas ofrendas son ofrecidas en el tiempo presente. Este es un fuerte argumento a favor de que 1ª Clemente fue escrita en algún momento antes de la destrucción del Templo en el año 70 d.C.

    Los historiadores y los eruditos que sostienen que 1ª Clemente fue escrita antes del año 70 d.C., hacen referencia a las citas que Clemente hace del Evangelio de Mateo, como una prueba de que dicho Evangelio fue escrito antes del 70 d.C. (Según E. Massaux, Clemente de Roma cita frecuentemente a Mateo en esta epístola (EM 35)). Entonces, si aceptamos que esta epístola fue escrita antes del 70, se confirma nuevamente la composición temprana del Evangelio de Mateo.

    Jacob J. Prahlow (PhD), escribió que Clemente y otros escritores cristianos primitivos, a menudo citaban las Escrituras de memoria con alguna “modificación retórica”, en lugar de citar a cada porción de la Escritura con un rollo en la mano.

    “Para Clemente, la información sobre citas específicas (direcciones, autores, oradores) no importaba tanto, pero sí que aquellos que hablaban hubieran sido inspirados por el Espíritu de Dios para pronunciar la verdad. Incluso entonces, el contenido de lo que citaba no estaba más allá del estilo de la modificación retórica o la citación de memoria. Como se señaló anteriormente, estas prácticas colocan a Clemente muy en línea con otros escritores de este periodo... La práctica de la composición de citas por parte de Clemente, arroja luz sobre las concepciones post-apostólicas de las Escrituras, mostrando un método de citación literaria y apuntando hacia lo que realmente les importó a los cristianos durante este periodo. La práctica de la composición de citas —de ninguna manera limitaba a Clemente, sino que al ser ciertamente muy evidente en su carta— indica que el significado más que la forma, fue el ímpetu principal para la citación de las fuentes durante este periodo. Nuestros estándares de copyright y atribución, simplemente no existían en el mundo antiguo, y la práctica de la composición de citas es una consecuencia de este hecho. Además, debemos reconocer cómo las motivaciones afectaron los enfoques de aquellos escritos. Clemente estuvo principalmente interesado en resolver un cisma en la iglesia de Corinto, apelando a la autoridad de Cristo pero no tratando de crear el canon del Nuevo Testamento. Si bien su uso de las Escrituras puede proporcionar evidencia para su amplia teología de las Escrituras, estas preocupaciones siempre deben considerarse a la luz de los asuntos teológicos prácticos que se abordan en los primeros escritos cristianos”. (Jacob J. Prahlow, PhD. https://pursuingveritas.com/2016/10/03/scripture-in-1-clement-composite-implications).

    1ª Clemente 23, cita además el Evangelio de los Egipcios, lo que demostraría que este evangelio perdido también fue escrito antes de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d.C. Dado que Clemente citó frecuentemente la Escritura del Nuevo Testamento (Clemente citó al Evangelio de los Egipcios como “la Escritura”), tenemos evidencia del primer siglo confirmando que el Evangelio de Mateo y el Evangelio de los Egipcios fueron escritos antes del año 70 d.C. Por lo tanto, podemos ver cuán importante es el estudio de la literatura cristiana más antigua.


    ¿Clemente Escribió Como el Obispo Universal Sobre Todas las Iglesias?

    La Epístola de 1ª Clemente a los Corintios, no nos da ninguna razón para creer que un solo obispo romano gobernó sobre la Iglesia universal de Dios, como lo proclama ahora la Iglesia Católica Romana. Clemente fue un líder del primer siglo en la Iglesia de Roma, mucho antes de que fuera nombrado su obispo principal. Eusebio registró que “Clemente de Roma escribió en nombre de la iglesia de los romanos (EH 3:38,1)”. Eusebio nunca afirmó que Clemente escribió como el obispo principal de Roma. Los datos históricos nos informan que el apóstol Pedro había ordenado a Lino, Cleto y Clemente como supervisores de la Iglesia de Dios en Roma. Lino sucedió a Pedro en el año 67 d.C., por lo que Clemente habría actuado como obispo asistente mucho antes de convertirse en el principal obispo de la ciudad de Roma en la última parte del primer siglo.

    Las primeras palabras de la Primera Epístola de Clemente a los Corintios, no dicen nada acerca de que Clemente fuera el obispo principal de la Iglesia Romana. Clemente abrió su Epístola a los Corintios diciendo: “La Iglesia de Dios que reside en Roma a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que son llamados y santificados por la voluntad de Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Gracia a vosotros y paz del Dios Todopoderoso os sea multiplicada por medio de Jesucristo. Por causa de las calamidades y reveses, súbitos y repetidos, que nos han acaecido, hermanos, consideramos que hemos sido algo tardos en dedicar atención a las cuestiones en disputa que han surgido entre vosotros (los corintios)…”. (1ª Clemente. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente1.htm).

    Observe que Clemente no escribió su epístola como el obispo principal de Roma, sino como un representante de la iglesia romana diciendo: “consideramos” y “hemos”. Dado que Pedro ordenó a Lino como el obispo principal, y a Cleto y Clemente como obispos asistentes, tiene sentido creer que Clemente escribió su epístola a los corintios como uno de los ancianos de la iglesia de Dios en Roma, en lugar de como su obispo principal. Por lo tanto, es muy poco probable que Clemente escribiera su primera epístola como el obispo principal de Roma.

    Denis Barton escribió: “Clemente no afirma estar escribiendo como el obispo de Roma, sino en nombre de la comunidad romana. Eusebio registró que ‘Clemente de Roma escribió en nombre de la iglesia de los romanos’ (EH 3:38,1). Él no dijo que Clemente escribió como el singular obispo de Roma. Pedro había ordenado a Lino, Cleto y Clemente como obispos. Lino sucedió a Pedro en el año 67 d.C., por lo que Clemente habría actuado como un obispo asistente durante al menos tres años antes de la destrucción del Templo en el año 70 d.C. Por lo tanto, durante este periodo escribiría en el tiempo presente acerca de Jerusalén”. (La Tradición del Evangelio Clementino - Los autores de los Evangelios, por Dennis Barton. www.churchinhistory.org).

    El Pastor de Hermas, dice que Clemente sirvió como un contemporáneo de Hermas, en la dignidad de uno de los líderes prominentes de la vasta Iglesia Romana.

    “Por tanto, tú escribirás dos libritos, y enviarás uno a Clemente, y uno a Grapte. Y Clemente lo enviará a las ciudades extranjeras, porque éste es su deber; en tanto que Grapte lo enseñará a las viudas y huérfanos. Pero tú leerás (el libro) a esta ciudad junto con los ancianos que presiden sobre la Iglesia”. (Pastor de Hermas II.4. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/Hermas.htm).

    Dennis Barton, escribió: “Así que aprendemos que era deber de una persona llamada Clemente relacionarse con las ciudades extranjeras. Lightfoot lo llamó: ‘el secretario de los asuntos exteriores de la iglesia romana’ (JATR 321), y Robinson lo describió como: ‘el corresponsal de las relaciones externas de la Iglesia Romana’. Edmundson, en su prestigiosa Conferencia Bampton de 1913, señaló que Clemente era: ‘solo el servidor, no el jefe de la Iglesia actuando por su propia iniciativa’.” (JATR 333). (Dennis Barton, “La Tradición Evangélica Clementina” - Los Autores de los Evangelios. www.churchinhistory.org).

    No fue sino hasta el 88-97 d.C., que Clemente sirvió como el obispo principal de Roma en la sucesión apostólica de Pedro. Clemente es listado en la Epístola a los Filipenses como un colaborador en el ministerio del apóstol Pablo (Filipenses 4:3). Por lo tanto, es muy poco probable que la teología de Clemente hubiera sido diferente a la de los apóstoles del primer siglo.


    La Teología de Clemente en La Primera Epístola de Clemente

    El obispo romano del primer siglo, escribió en 1ª Clemente, capítulo dos:

    “…contentos con las provisiones que Dios os proveía. Y prestando atención a SUS PALABRAS, las depositabais diligentemente en vuestros corazones, y teníais SUS SUFRIMIENTOS delante de los ojos”. (1ª Clemente 2).

    Alrededor del año 200 d.C., en su polémica Contra Práxeas, Tertuliano denunció la idea de que Dios podría sufrir. Sin embargo, Clemente, que estaba familiarizado con las enseñanzas de los apóstoles del primer siglo, enseñó que DIOS SUFRIÓ como Jesucristo (como un hombre en la carne) cien años antes de la época de Práxeas y Tertuliano. Por lo tanto, podemos ver claramente que Clemente enseñó que Dios (el único Dios verdadero el Padre - Juan 17:3) sufrió como el hombre Cristo Jesús, tal como Práxeas y los modalistas lo enseñaron un siglo más tarde.

    Clemente de Roma citó el mismo pasaje particular del perdido Evangelio de los Egipcios, tanto en 1ª Clemente 23 como en 2ª Clemente 11. Dado que a lo largo de 2ª Clemente, él citó regularmente el Evangelio de los Egipcios como “la palabra profética”, podemos ver que Clemente citó la misma cita del Evangelio de los Egipcios en 1ª y 2ª Clemente como Escritura. ¿Cómo podría Clemente haber citado la misma porción del Evangelio de los Egipcios en 1ª y 2ª de Clemente, si Clemente de Roma no hubiera sido el mismo autor de ambas epístolas?

    Además, ¿cómo podría el Evangelio de los Egipcios haber sido un documento del siglo segundo, cuando Clemente lo citó en el primer siglo dentro de su primera epístola? Dado que el Evangelio de los Egipcios es el único libro perdido de la Biblia que se citó en 2ª Clemente, la misteriosa cita bíblica que aparece tanto en 1ª como en 2ª Clemente, debe haberse originado del perdido Evangelio de los Egipcios. Esto significaría que el Evangelio de los Egipcios fue escrito antes del año 70 d.C., mientras que los apóstoles originales todavía estaban vivos. El Evangelio de los Egipcios declaró claramente que Jesús es la misma Persona Divina que el Espíritu Santo del Padre.

    Epifanio (340-403), escribió en Panarion 62, que el Evangelio de los Egipcios establece que Jesús “deja claro a los discípulos que Él mismo es el Padre, que Él mismo es el Hijo, y que Él mismo es el Espíritu Santo”. (Epifanio, Panarion, 62 - Contra los Sabelianos, 2,4-2,5. Fuente: Traducción de Frank Williams. El Panarion de Epifanio de Salamina, Libros II y III De la Fe. Segunda Edición Revisada. Copyright 2013 por Koninklijke Brill NV, Leiden, The Netherlands. Página 124).

    Si el obispo romano del primer siglo hubiera sido trinitario, ¿por qué habría de citar al manifiestamente modalista Evangelio de los Egipcios como Escritura inspirada? El Evangelio de los Egipcios establece claramente que Jesús “deja claro a los discípulos que Él mismo es el Padre, que Él mismo es el Hijo, y que Él mismo es el Espíritu Santo”. (Epifanio, Panarion 62 - Contra los Sabelianos;2,4-2,5). Por lo tanto, tenemos evidencia histórica clara para probar que Clemente de Roma era un obispo monarquiano modalista o unicitario dentro del primer siglo.

    Los eruditos Roberts y Donaldson, no incluyeron el último pasaje interpolado en la versión de Leo en 1056 sobre 1ª Clemente, capítulo 58, porque el pasaje no se encuentra en el primer manuscrito existente del cual parecen haberse hecho las copias posteriores. J. B. Lightfoot había traducido el manuscrito del Códice H [o Hierosolimitano] escrito por Leo en 1056, que contiene una aparente adición interpolada a 1ª Clemente que no aparece en el anterior Códice Alejandrino del siglo V. Por lo tanto, 1ª Clemente 58 es probablemente una adición interpolada posterior.

    La adición del siglo XI a 1ª Clemente (capítulo 58), dice: “Porque tal como Dios vive, y vive el Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo…”. Los trinitarios citan a menudo este último pasaje del manuscrito de Leo del siglo XI, que no aparece en el manuscrito más confiable del siglo V que se encontró adjunto a las Escrituras del Nuevo Testamento en el Códice Alejandrino. Como los eruditos creen que el manuscrito de Leo del siglo XI fue compuesto desde el manuscrito alejandrino del siglo V como su fuente, es probable que Leo interpolara el pasaje en 1ª Clemente 58, ya que no aparece en el antiguo manuscrito de 1ª Clemente del siglo V.

    La 2ª Epístola de Clemente, también aparece con 1ª Clemente en el Códice Alejandrino con las palabras, “La Segunda Epístola de Clemente” en el manuscrito. Asimismo, cada manuscrito de 1ª Clemente, siempre ha sido encontrado con 2ª Clemente adjunto a él, con las palabras: “La Segunda Epístola de Clemente” escritas dentro del manuscrito. Desde los primeros días de la historia cristiana, Clemente siempre fue conocido como el autor original de Primera y Segunda de Clemente. Por lo tanto, es absurdo negar la autoría clementina de ambos manuscritos, o que el mismo autor haya sostenido consistentemente la misma teología en ambas epístolas.

    El obispo romano del primer siglo, nunca escribió nada sobre un supuesto “Dios el Hijo” pre-encarnado, distinto de Dios el Padre. Incluso, los historiadores trinitarios han notado que Orígenes fue el primero que enseñó la idea de un Hijo eterno a principios del siglo III, y que los oponentes de los modalistas eran semiarrianos en su teología, y entre estos semiarrianos estuvieron Tertuliano, Hipólito y Orígenes (Johannes Quasten, Patrología, Volumen II: Págs. 78, 200, 326-327 – Jaroslav Pelikan, El Surgimiento de la Tradición Católica, Vol I, pg. 191 – Jaroslav Pelikan, Princiipis 4:4:1), antes de que la doctrina de la trinidad estuviera completamente desarrollada. Por lo tanto, los modalistas/unicitarios fueron los primeros cristianos que creyeron en la deidad completa de Cristo, antes de que la doctrina trinitaria fuera desarrollada más tarde.


    La Teología de Clemente en la Segunda Epístola de Clemente

    El Códice Alejandrino, es un códice o  libro encuadernado del quinto siglo, que incluye toda la Escritura del Nuevo Testamento junto con las dos Epístolas de Clemente. Wikipedia dice que el Códice Alejandrino, “...contiene todos los libros del Nuevo Testamento (aunque las páginas que contenían a Mateo 1:1-25:5 no existen). Además, el códice contiene a 1. Clemente (falta 57:7-63) y la homilía conocida como 2. Clemente (hasta 12:5a)”.

    Como tanto 1ª y 2ª de Clemente se encontraron adheridas al Códice Alejandrino que contiene todos los libros del Nuevo Testamento, es difícil imaginar que los primeros cristianos no creyeran que el obispo romano del primer siglo fuera el autor de ambos documentos. ¿Por cuál otra razón, tanto 1ª y 2ª de Clemente fueron unidas al final del Nuevo Testamento, si los primeros cristianos no creyeron que tanto la 1ª y la 2ª Epístolas de Clemente fueron escritas en el siglo primero? Por lo tanto, 2ª Clemente también debe haber sido escrita en el primer siglo por el mismo obispo romano, es decir, Clemente.

    El Obispo Clemente, escribió en 2ª Clemente, capítulo 1:

    “HERMANOS, tendríamos que pensar en Jesucristo como Dios y como Juez de los vivos y los muertos. Y no deberíamos pensar cosas mediocres de la salvación; porque, cuando pensamos cosas mediocres, esperamos también recibir cosas mediocres. Y los que escuchan como si se tratara de cosas mediocres hacen mal; y nosotros también hacemos mal no sabiendo de dónde y por quién y para qué lugar somos llamados, y cuántas cosas ha sufrido JESUCRISTO por causa nuestra. ¿Qué recompensa, pues, le daremos?, o ¿qué fruto digno de su don hacia nosotros? ¡Y cuántas misericordias le debemos! Porque Él nos ha concedido la luz; nos ha hablado como un PADRE a sus hijos; nos ha salvado cuando perecíamos. [Observe que no hay nada en el texto que indique que el tema ha cambiado de Jesucristo a Dios el Padre, por lo que Clemente de Roma identificó a Jesucristo como el Padre]. ¿Qué alabanza le rendiremos?, o ¿qué pago de recompensa por las cosas que hemos recibido nosotros, que éramos ciegos en nuestro entendimiento, y rendíamos culto a palos y piedras y oro y plata y bronce, obras de los hombres; y toda nuestra vida no era otra cosa que muerte?....” (2ª Clemente. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente2.htm).

    Observe que Clemente identifica a Jesucristo “como Dios y como Juez de los vivos y los muertos”. Luego Clemente continúa identificando a Jesucristo como el que “nos ha concedido la luz; nos ha hablado como un PADRE a sus hijos”. Si la teología de Clemente hubiera sido trinitaria, entonces él no habría llamado a Jesucristo “un Padre a sus hijos”. De acuerdo con la posterior teología trinitaria, Clemente debería haber llamado a Jesucristo “Dios el Hijo”, en lugar de identificarlo como el Dios Padre de su pueblo, que nos ha llamado sus hijos.

    2ª Clemente 9:5-6: “Si Cristo el Señor que nos salvó, siendo primero Espíritu, luego se hizo carne, y en ella nos llamó, de la misma manera también nosotros recibiremos nuestra recompensa en esta carne”. (2ª Clemente. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente2.htm).

    Note que Clemente nunca habló de “Cristo el Señor” como “Dios el Hijo” que “se hizo carne”. Según Clemente, “Cristo el Señor que nos salvó” fue “primero Espíritu”. En el capítulo ocho, Clemente parece decir que Cristo fue primero el Espíritu, o sea “el Espíritu Santo”; pero en el capítulo 14:3-4 no dejó lugar a dudas de que se estaba dirigiendo a Cristo como el Espíritu Santo.

    “...el Espíritu Santo... Guardad la carne para que podáis participar del Espíritu. Pero si decimos que la carne es la Iglesia y el Espíritu es Cristo, entonces el que haya obrado de modo inexcusable con la carne ha obrado de modo inexcusable con la Iglesia. Este, pues, no participará del Espíritu, que es Cristo”.

    2ª Clemente afirma claramente que el Espíritu Santo es el Espíritu que es Cristo.

    Los trinitarios suponen la creencia de que “el Hijo no es el Espíritu Santo” y que “el Espíritu Santo no es el Hijo”. Sin embargo, Clemente escribió que “el Espíritu Santo... es Cristo”.

    Por otra parte, Clemente citó con frecuencia el ahora no existente Evangelio de los Egipcios, que contiene expresamente un contenido monarquiano modalista. 2ª Clemente cita repetidamente textos del Evangelio de los Egipcios, al que consideraba como Escritura. Esto presenta un problema para los eruditos trinitarios, porque los datos históricos prueban que el Evangelio de los Egipcios fue considerado como Escritura Sagrada por los primeros monarquianos modalistas. Epifanio (340-403), escribió que el Evangelio de los Egipcios afirma que Jesús “deja claro a los discípulos que Él mismo es el Padre, que Él mismo es el Hijo, y que Él mismo es el Espíritu Santo”. (Epifanio, Panarion 62 - Contra los Sabelianos; 2,4-2,5).

    Si Clemente no creía que Jesús era el Padre y el Espíritu Santo, ¿por qué habría de citar repetidamente al Evangelio de los Egipcios como Escritura inspirada autoritativa? Es aparente que la enseñanza modalista de Clemente de que Jesús sea llamado el Padre, y que el Espíritu Santo sea llamado Cristo, es la verdadera razón por la cual la mayoría de los eruditos trinitarios rechazan el aceptar a 2ª Clemente como un documento escrito por el obispo romano del siglo primero. La teología trinitaria supone la creencia de que el Padre y el Espíritu Santo no son el Hijo. ¡Por lo tanto, los trinitarios no pueden reclamar la “sucesión apostólica” a través de los obispos romanos, porque los obispos romanos del primer siglo fueron modalistas!



  5. Por Steven Ritchie, © 2016. Todos los Derechos Reservados.
    Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2017
    Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


    Jesús dijo en Juan 6:38, “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.

    El Dios que se hizo hombre, descendió del cielo. Después de descender del cielo, se convirtió en un Hijo humano total y completo, con una naturaleza y voluntad humanas totales y completas. Por lo tanto, Jesús pudo decir que no vino para hacer su propia voluntad (su voluntad humana), sino la voluntad del Padre (la divina).

    El apologista trinitario Luis Carlos Reyes, me envió varios correos electrónicos (fechados en septiembre de 2016) en los que describió cuidadosamente las tres cláusulas de Juan 6:38, respecto a las cuales él cree que se refieren a dos Personas divinas dentro de una trinidad. Sin embargo, éste pasaje no solo no respalda la visión trinitaria común, sino que la contradice. Aquí están mis respuestas condensadas que envié al Sr. Reyes por correo electrónico.

    Tú escribiste: “Este es el texto de Juan 6:38: ‛Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió’”.

    A lo que te respondí: Has mencionado las tres cláusulas de Juan 6:38, cuando escribiste: “Primero, observo que hay una cláusula independiente A, y que hay otras dos cláusulas B y C que dependen de esta cláusula independiente A.

    (A) Porque he descendido del cielo.
    (B) No para hacer mi voluntad.
    (C) Sino la voluntad del que me envió.”

    Luego formulaste estas tres preguntas:

    “(1) ¿Quién es el 'yo' que está hablando en A? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?

    (2) ¿Quién es el orador en B? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?

    (3) ¿Quién es el orador en C? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?”.


    Respuestas Condensadas a los Comentarios del Sr. Reyes

    Las únicas distinciones de voluntades, mentes y centros de autoconciencia personal, comenzaron después de que el Espíritu Santo de Dios el Padre descendió sobre la virgen para convertirse en un verdadero hombre con una verdadera voluntad humana. Dios como Dios no puede tener tres voluntades divinas, pues estas potencialmente podrían estar en desacuerdo entre sí. Es por eso que la teología de la unicidad es el único punto de vista que defiende la verdadera deidad de Cristo, al mismo tiempo que trae armonía a todas las porciones de las Escrituras.

    Veo que Juan 6:38 es problemático para los trinitarios, ya que no hay ninguna porción de la Escritura que justifique que Dios tenga más de una voluntad divina, ya sea en las Escrituras hebreas o en las griegas. Si un supuesto “Dios el Hijo” pudiera tener una voluntad divina que potencialmente pudiera estar en desacuerdo con la voluntad del Padre, entonces Dios ya no podría ser llamado un solo Dios, pues poseería tres mentes divinas y tres voluntades divinas. Por lo tanto, los trinitarios no pueden defender el monoteísmo verdadero cuando creen que Dios tiene tres centros personales de conciencia del Ser, con cada persona divina poseyendo su propia mente y voluntad distinta.

    Además, es ridículo pensar que el hombre Cristo Jesús tiene más de una conciencia. Porque si Cristo Jesús tuviera una conciencia divina distinta y una conciencia humana distinta dentro de sí mismo, entonces tendríamos a un Cristo nestoriano esquizofrénico que sería dos personas en lugar de una sola persona. 1. Corintios 11:3 dice claramente que Dios es la cabeza de Cristo. Por lo tanto, Dios como Dios no puede tener una cabeza [un superior] sobre él, pero Dios con nosotros como un verdadero hombre sí puede tener una cabeza [un superior] sobre él. ¿Si Cristo Jesús tiene una mente divina coigual y una voluntad divina coigual, cómo podría tener una cabeza sobre Él?

    Jesús como un verdadero ser humano, solo pudo hablar desde su conciencia humana cuando dijo en Juan 6:38: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. Cuando Jesús dijo: “he descendido”, (en tiempo pasado), esto significa que cuando pronunció estas palabras, Dios ya había descendido, y que estaba hablando como un verdadero ser humano en la tierra.

    La explicación trinitaria alternativa, es que una supuesta “Segunda Persona Divina” bajó del cielo, no para hacer su propia voluntad divina, sino la voluntad de la “Primera Persona Divina”. Sin embargo, ¿cómo podrían estos dos llamados “Dios”, tener cada uno la capacidad de tener su propia voluntad pudiendo entrar en conflicto el uno con el otro, mientras que permanecen como un solo Dios? Si la explicación trinitaria fuera verdadera, entonces esto de más de una voluntad divina significaría que hay una capacidad dentro de Dios para tender hacia tres voluntades conflictivas, en razón a cada una de las supuestas voluntades individuales de las “Personas Divinas” dentro de Sí mismo. Tal visión contradice las palabras de las Escrituras inspiradas y es completamente insostenible.

    Si bien es cierto que la identidad divina de Aquel que descendió del cielo es el Espíritu Santo de Dios el Padre (Lucas 1:35), se debe recordar que para el momento cuando Jesús pronunció estas palabras, Dios ya se había hecho hombre, por lo que en su condición del Hijo, Dios solo podía hablar a través de una conciencia humana, y por eso cuando Jesús hablaba sobre la tierra lo hacía como un hombre genuino.

    Jesús como el Niño nacido y el Hijo dado (Isaías 9:6), recibió por revelación divina la conciencia de su existencia como Dios antes de convertirse en un hombre, cuando dijo “Antes que Abraham fuese, YO SOY” en Juan 8:58, e incluso “el Hijo del Hombre, que está en el cielo” en Juan 3:13. Por lo tanto, Jesús tuvo que haber conocido su identidad divina, porque el Padre le reveló esto como a un verdadero hombre.

    El título “Hijo del Hombre” literalmente significa un hijo de la humanidad a través de la humanidad de María. Por lo tanto, Jesús como un verdadero ser humano sabía que Él no solo existía en la tierra como un hombre, sino que Él también existía en el cielo como Dios. (Nota: Jesús usó a menudo sus títulos de encarnación, para ocultar su verdadera identidad como Dios. Isaías 45:14-15, Juan 16:25). Así, la persona llamada Jesucristo de Nazaret es 100% hombre, pero su verdadera identidad también es 100% Dios con nosotros como un verdadero hombre entre los hombres, que también existe como el Dios fuerte y el Padre eterno (Isaías 9:6) por fuera de su nueva existencia como un verdadero hombre a través de la encarnación por medio de la virgen.

    Por lo tanto, el Espíritu Santo del Padre descendió del cielo para convertirse en un verdadero hombre entre los hombres, para no hacer su voluntad humana recién asumida (dentro de la encarnación), sino la voluntad del único Dios verdadero que es el Padre (por fuera de la encarnación). Como lo indiqué anteriormente, las Escrituras prueban que el Hijo fue enviado en semejanza de carne de pecado (Romanos 8:3) solo después de que nació de mujer (Gálatas 4:4). Así como Jesús envió a sus discípulos al mundo después de que ellos hubieron nacido de mujeres, así también el Padre envió al Hijo al mundo después de que Él nació de una mujer (Juan 17:18; Gálatas 4:4).

    Hebreos 1:3 nos informa que Jesús como el niño  humano nacido y el Hijo dado, es el resplandor (“apaugasma” significa “brillo reflejado” - Thayer) de su gloria (el contexto indica que se está hablando de la gloria del Padre) y la imagen expresa (“karaktér” significa “la estampa, la copia impresa”) de su persona (La persona del Padre - 'Hipóstasis' = Sustancia del Ser/Persona). Si Jesús fuera una segunda persona divina eterna y coigual, Él no hubiera podido llegar a ser el brillo reflejado de la gloria del Padre y la imagen impresa de la persona divina del Padre mientras hubiera persistido en ser eterno y coigual. Pero si la supuesta segunda persona divina hubiera dejado de ser eterna y coigual, entonces hubiera dejado de ser Dios. Por lo tanto, desde cualquier lado que se le mire, la teología trinitaria es insostenible. Aún más, la teología trinitaria no puede evitar el hecho de que la divinidad del Hijo de Dios es la imagen impresa (la copia) de la Persona del Padre como una persona humana total y completa.

    Mientras que sin alguna justificación bíblica, los arrianos (como por ejemplo los llamados Testigos de Jehová) creen que el Hijo fue reproducido como la imagen de la persona del Padre antes de la encarnación, los trinitarios no cuentan con ninguna forma sensata para explicar cómo un supuesto Hijo eterno podría haber sido “reproducido” como “la copia impresa” de la persona del Padre mientras que aún permanece como eterno. El Salmo 2:7 y Hebreos 1:5, señalan específicamente el comienzo del Hijo por su engendramiento en la virgen.

    “Mi hijo eres tú; YO TE ENGENDRÉ HOY”.  (Salmo 2:7).

    “Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo”. (Hebreos 1:5, 2. Samuel 7:14).

    Note que las palabras “hoy”, “engendrado” y “será”, están haciendo referencia al Hijo como un hombre con un comienzo en el tiempo. Dios como Dios no puede ser engendrado (engendrado significa “nacido”) en un día específico, porque Dios como Dios no puede nacer, ni Dios como Dios tiene algún comienzo en el tiempo. Es por eso que Dios como Dios, hablando para el futuro profético, dijo: “YO SERÉ un Padre para el Hijo”, y “el Hijo SERÁ un Hijo para su Padre”.

    Hebreos 2:17 indica que el Dios que participó de la carne y de la sangre fue “hecho completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 - NIV), al igual en que están hechos todos sus hermanos humanos. Por lo tanto, Dios se manifestó en la carne (1. Timoteo 3:16) para participar de la carne y la sangre, a fin de hacerse completamente humano. Dado que ningún ser humano puede ser completamente humano sin tener un espíritu humano y una naturaleza humana, sabemos que el Dios que se nos manifestó como Jesucristo tuvo que haberse convertido en un verdadero hombre a través de su concepción y nacimiento virginal. Por lo tanto, el Hijo de Dios tiene que tener un espíritu humano total y completo, una mente humana total y completa, y una naturaleza y voluntad humanas totales y completas, o si no, no habría sido en lo absoluto un verdadero Hijo, es decir un verdadero hombre.


    Respuesta a la Primera Pregunta Relacionada con la Cláusula A, “Porque he Descendido del Cielo”

    En Juan 6:38, Cláusula A (Porque he descendido del cielo), Luis Carlos Reyes preguntó: “¿Quién es el 'yo' que está hablando en A? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?”.

    A lo que le respondí:

    Antes que nada, usted debe tener presente que las naturalezas no hablan ni piensan, son las personas las que hablan y piensan. Jesús tampoco puede dividirse en dos personas, como lo enseña el nestorianismo. Aunque Jesús poseía la naturaleza divina en su condición de Dios con nosotros encarnado como un verdadero hombre, ciertamente Él no habló como dos personas con dos voluntades, ya que las Escrituras afirman que el hombre Cristo Jesús (1. Timoteo 2:5) fue la conciencia humana que dijo: “He descendido (tiempo pasado) del cielo”, en razón a que su conciencia humana en la tierra también poseía una conciencia divina a través de la revelación de su verdadera identidad como el Dios fuerte y el Padre eterno (Isaías 9:6), que también se convirtió en un verdadero Hijo que fue nacido y dado  a través de la virgen (Isaías 9:6).

    Mateo 1:20 indica claramente que la sustancia del Ser (Hebreos 1:3) de la deidad del Mesías, SALIÓ DEL (“Ek”) ESPÍRITU SANTO. El texto no dice SALIÓ DE Dios el Hijo, sino SALIÓ DEL ESPÍRITU SANTO del Padre mismo (comparar Mateo 1:20 con Hebreos 1:3). Si los trinitarios pudieran señalar alguna porción de la Escritura que mostrara que quien descendió sobre la virgen hebrea fue el Hijo en lugar del Espíritu Santo, estaría de acuerdo en que el título de Hijo prueba que tuvo que haber un Hijo viviente antes de la encarnación. Sin embargo, Lucas 1:35 nos informa que el Hijo de Dios fue llamado así, debido a su concepción virginal, ya que “Respondiendo el ángel [a María], le dijo: EL ESPÍRITU SANTO VENDRÁ SOBRE TI, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también EL SANTO SER QUE NACERÁ, SERÁ LLAMADO HIJO DE DIOS”.

    He tenido varios debates con apologistas trinitarios, y ninguno de ellos ha podido citar jamás alguna porción de la Escritura que nos de alguna otra razón bíblica por la cual el Hijo es llamado así, aparte de su concepción y nacimiento virginal. Por lo tanto, el Hijo es el hombre y el hombre es el Hijo que fue engendrado (nacido o salido) del Padre en un día específico (ver Salmo 2:7, Hebreos 1:5, 2. Samuel 7:14).


    Respuesta a la Segunda Pregunta Relacionada con la Cláusula B, “No Para Hacer Mi Voluntad”

    En la Cláusula B (No para hacer mi voluntad), el Sr. Reyes preguntó: ¿Quién es el orador en B? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)? 

    Ante esto le respondí:

    Nuevamente, está claro que el hombre Cristo Jesús estaba hablando de no hacer su propia voluntad humana (pues la encarnación ya había ocurrido), sino de hacer solamente la voluntad del Padre, porque Dios como Dios solo tiene una voluntad divina, mientras que Emanuel, Dios con nosotros como un verdadero hombre, también tiene una voluntad humana distinta después de que la encarnación tuvo lugar. Por lo tanto, hay una distinción ontológica de voluntades entre el Padre y el Hijo, que solo ocurrió desde el comienzo del Hijo por medio de su engendramiento virginal (Salmo 2:7; Colosenses 1:15; Apocalipsis 3:14), ya que Juan 5:26 establece claramente que el Padre le “ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”, lo que se trata de una vida humana distinta en lugar de una vida divina distinta. Por lo tanto, la vida del Hijo fue concedida dentro de la encarnación, mientras que la vida del Padre que no depende de la encarnación nunca le podría haber sido concedida.

    La típica eiségesis trinitaria de Juan 6:38, afirma que un “Dios el Hijo” coigual, tiene una voluntad divina y distinta a la de Dios el Padre. Sin embargo, ni una sola porción de la Escritura dice que Dios tenga dos o tres voluntades divinas, dos o tres mentes divinas, o más de una conciencia divina. Si Dios tuviera más de una voluntad divina, entonces no podría haber un verdadero monoteísmo. Por lo tanto, los trinitarios no pueden explicar cómo un único Dios podría tener más de una mente divina, más de una conciencia divina y más de una voluntad divina, siendo un solo Dios verdadero. Juan 17:3, Malaquías 2:10, Isaías 64:8 y el Salmo 8:6, prueban que el Padre es el único Dios verdadero que creó todas las cosas por sus propias manos, en vez de por otra persona divina.


    Respuesta a la Tercera Pregunta Relacionada con la Cláusula C, “Sino la voluntad del que me envió”

    En Juan 6:38, Cláusula C (Sino la voluntad del que me envió), Luis Carlos Reyes preguntó: ¿Quién es el orador en C? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?”.

    Esta es mi respuesta:

    Una vez más, el que habla es el Hijo de Dios, quien habló desde su conciencia humana después de que ya estaba en el mundo. Romanos 8:2 dice claramente que el Hijo de Dios fue enviado en semejanza de carne de pecado. Gálatas 4:4 declara que el Hijo de Dios fue enviado después de que nació (o salió) de una mujer. Jesús también explicó claramente que así como Él fue enviado al mundo, así los discípulos fueron enviados al mundo (Juan 17:18).

    Jesús oró: “Como TÚ ME ENVIASTE AL MUNDO, así YO LOS HE ENVIADO AL MUNDO” (Juan 17:18).

    ¡Es difícil imaginar cómo una supuesta persona divina de Yahvé Dios podría ser enviada desde el cielo por su Padre, siendo verdaderamente coigual y coeterna! Esto, porque el que envía es mayor que el enviado, y el que unge es mayor que el ungido (Hebreos 1:8-9). Dado que el título “Cristo” significa “el Ungido”, es difícil imaginar cómo Jesucristo pudo haber sido ungido eterna y coherentemente por su Padre, sin que exista un tiempo específico en el que fue ungido. Por lo tanto, las palabras de la Escritura inspirada apuntan a que el Hijo tuvo un principio en el tiempo (Juan 1:1, Apocalipsis 3:14, Hebreos 1:5), y una posición subordinada al Padre (1. Corintios 11:3 dice que Dios es la cabeza de Cristo) en lugar de ser coeterno y coigual.

    Muchos pasajes que los trinitarios citan para un supuesto Hijo pre-encarnado, solo prueban que el Hijo ya estaba “ungido” (1. Corintios 8:9; Filipenses 2:5) en el pensamiento expresado de Dios (Su Logos - Juan 1:1; Romanos 4:17), así como Él ya había “nacido” (Salmo 2:7; Proverbios 8:22-26; Colosenses 1:15) y había sido “asesinado” (Apocalipsis 13:8) en el plan preordenado de Dios (1. Pedro 1:20; Isaías 43:10-11; Efesios 1:4, 11). Dado que Dios llama a las cosas que no son como si fuesen (Romanos 4:17), es fácil ver el sentido en el que Dios habló de que Cristo ya había “nacido”, ya había sido “ungido” y ya había “muerto” desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8), antes de que Cristo realmente hubiera nacido, hubiera sido ungido y hubiera sido asesinado en la tierra. Por lo tanto, la única exégesis viable de Juan 6:38 que trae armonía a todos los datos bíblicos, y que a la vez defiende la verdadera deidad de Jesucristo, es la teología de la unicidad.

    Por favor, responde a esta pregunta: -“¿Crees tú que una voluntad divina coigual (una voluntad es lo mismo que una conciencia) podría orar y ser tentada como una voluntad divina número dos? ¿O no tiene todo el sentido bíblico creer que la voluntad humana (la conciencia humana) de Cristo era la que podía orar y ser tentada? (Luis Carlos Reyes evadió por completo esta pregunta).

    No importa cómo tratemos de explicarlo, la encarnación requiere de una voluntad divina de la única Persona divina (en nuestro entendimiento el Padre) que permaneció inmutable en los cielos con todos sus atributos divinos intactos (Malaquías 3:6, Hebreos 13:8), mientras que a la vez la propia sustancia de su ser también asumió una nueva voluntad humana (Hebreos 1: 3) cuando él se volvió “completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 NIV) dentro de la virgen.

    Tú has ignorado el hecho bíblico de que Dios participó de carne y sangre para volverse completamente humano en todo sentido (1. Timoteo 3:16; Hebreos 2:14-17). Dios como Dios no puede tener una voluntad humana (Números 23:19 dice que Dios no es hombre), así que después de la encarnación encontramos una voluntad divina (la del Padre) y una voluntad humana distinta (la del Hijo). Cuando la sustancia del Ser de Dios fue “copiada” en la virgen como “la imagen expresa de su persona” (el contexto en Hebreos 1:3 prueba que se trata de la única persona divina que es el Padre), el niño Cristo fue “hecho completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 NIV). Por lo tanto, Hebreos 1:3 demuestra que las posiciones trinitaria, arriana y sociniana son erróneas, porque la única persona divina que es el Padre, es claramente la “sustancia del ser” del Padre (Hebreos 1:3 - hipóstasis) que fue “reproducida” como una “copia impresa” de la única persona divina del Padre como una persona humana absolutamente completa dentro de la virgen.

    En contraposición, tu posición alega que un “Dios el Hijo” descendió del cielo, no para hacer su propia voluntad divina, sino la voluntad divina de “otra Persona de Dios”. Pregunta: ¿Cómo es posible que una voluntad de Dios, pueda ser diferente de otra voluntad de Dios, sin tener DOS DIOSES? (Luis Carlos Reyes ignoró esta pregunta, al igual que ignoró la mayoría de mis preguntas).

    La voluntad del Hijo es una voluntad humana absolutamente completa, y la voluntad del Padre es la voluntad divina absolutamente completa. Estas son dos voluntades, porque la única persona divina del Padre (quien tiene una voluntad divina y sin dejar de ser lo que siempre ha sido) también se convirtió en una persona humana absolutamente completa como “la imagen expresa de su Persona” (Hebreos 1:3) por medio de la encarnación a través de la virgen (con una voluntad humana distinta - Hebreos 2:17). Para los hombres y los ángeles esto es imposible, ya que solamente el Dios omnipresente es el único que pudo convertirse en un verdadero hombre revelado como su propio brazo (Isaías 53:1), mientras que aún ha permanecido inmutable en los cielos (Jeremías 23:24; Malaquías 3:6).

    No creemos que el hombre Cristo Jesús sea otra entidad distinta del Padre (arrianismo / socinianismo), porque nosotros creemos que el Padre entró en una nueva existencia cuando también se convirtió en un hombre absolutamente completo. Por lo tanto, nuestra posición es compatible con el antiguo monarquianismo modalista que una vez fue la visión predominante dentro de los primeros tres siglos de la era cristiana. (Ver a Tertuliano en Contra Práxeas 3, y a Orígenes en Comentario del Evangelio de Juan, libro 1, capítulo 23. Ver también mis folletos y videos sobre la teología de Clemente de Roma, Hermas de Roma, Ignacio de Antioquía y Aristides de Atenas, en ApostolicChristianFaith.com).

    Yo no estoy evitando ninguna verdad en el contexto de Juan 6:38. La exégesis adecuada de cualquier texto debe comenzar primero con el texto mismo; solo después es que necesitamos pasar a comparar con otras porciones para asegurarnos de que nuestra interpretación de ese texto particular trae armonía a todos los datos bíblicos. Las interpretaciones privadas siempre quedan expuestas, pues  dichas interpretaciones privadas no están en armonía con “toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).


    El Dilema Trinitario de las Tres Voluntades Divinas 

    El Sr. Reyes escribió: “No es que ambas voluntades fueran contradictorias como incorrectamente se infiere, sino que el Hijo voluntariamente no aspiró a hacer su propia voluntad de una manera egoísta, sin considerar primero la voluntad del Padre”.

    Aquí mi respuesta:

    Repetidamente has alegado que yo dije que la voluntad del Hijo era contradictoria con la del Padre. Pero yo nunca deduje que la voluntad humana del Hijo fuera alguna vez contradictoria o que estuviera en desacuerdo con la voluntad divina del Padre. Todo lo que señalé fue que la voluntad del Hijo no anheló hacer su propia voluntad, lo que demuestra que la voluntad del Hijo contaba con el potencial de estar en desacuerdo con la voluntad del Padre. Esto es problemático para los trinitarios porque ellos creen que Dios tiene dos y tres voluntades divinas que potencialmente podrían estar en desacuerdo entre sí, y esto porque Juan 6:38 implica que la voluntad del Hijo de Dios tenía la capacidad de estar en conflicto con la del Padre. Ahora bien, si en Juan 6:38 la voluntad del Hijo es la voluntad divina de un supuesto “Dios el Hijo” celestial, entonces Dios como Dios podría potencialmente estar en desacuerdo consigo mismo, lo que traería el caos a toda la creación. Por lo tanto, pasajes como Juan 6:38 solamente afirman que la voluntad humana del Hijo de Dios, podría entrar en conflicto con la única y sola voluntad divina (la del Padre).

    Usted escribió: “Si la voluntad de mi padre para mí, es que yo le lave su carro, y si yo no ansío hacer mi propia voluntad (no se trata de mí, como ustedes dicen, sino de mi padre; y por así decirlo, yo no busco ser el centro de atención); sino que si en realidad yo 'intencionalmente' quise hacer la 'voluntad' de mi padre en lugar de mi propia voluntad egoísta, entonces la lógica simple te dirá que en última instancia nuestras dos voluntades están en perfecta unidad, porque yo haré mi voluntad que es la voluntad del padre; y si mi voluntad es la voluntad de mi padre, por lo tanto tenemos un acuerdo perfecto de voluntades, sin contradicción alguna”.

    Esta es mi respuesta:

    Es completamente ridículo pensar que una supuesta “verdadera persona divina” que se supone que es copartícipe con otras dos supuestas “verdaderas personas de Dios”, no aspire a hacer su propia voluntad divina, sino que en lugar de hacer su propia coigual “voluntad divina egoísta” haya sucumbido ante la supuesta voluntad coigual de su Padre (el de la voluntad divina número uno). ¿De verdad crees que una voluntad divina de una verdadera “Persona de Dios” tendría la capacidad de rechazar su propia “voluntad egoísta” para rendirse ante otra coigual voluntad divina distinta? ¿Cómo podría una verdadera persona divina, rendir su supuesta voluntad divina distinta para someterla a la voluntad de otra persona divina coigual, mientras que aún sigue siendo una persona divina verdadera y diferente? (Luis Carlos Reyes ignoró por completo estas preguntas)

    El único entendimiento bíblico, es que la voluntad del hombre Cristo Jesús se sometió a la voluntad de su Padre que es su cabeza, pues 1. Corintios 11:3 declara que “Dios es la cabeza de Cristo”. Es bajo esta luz que la voluntad humana del Hijo se sometió a la voluntad de su Padre.

    Si tu teoría trinitaria fuera correcta, entonces deberíamos encontrar algunos ejemplos de un “Dios el Hijo” pre-encarnado, que tuvo una voluntad distinta en el cielo antes de que se produjera la encarnación. Lo mismo debería ser cierto para tu supuesta tercera Persona divina del “Espíritu Santo” trinitario. Por lo tanto, te desafío a presentar un solo ejemplo que muestre que el Hijo y el Espíritu tienen dos voluntades divinas distintas, aparte de la voluntad divina del Padre, antes de que el Hijo de Dios fuera formado en la virgen (Mateo 1:20; Lucas 1:35). (El Sr. Reyes nunca respondió). El solo hecho de que los trinitarios no puedan encontrar tales ejemplos, prueba que la voluntad del Hijo era la voluntad humana distinta del hombre Cristo Jesús, que fue hecho “completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 - NIV) dentro de la virgen hebrea.

    Por lo tanto, en Juan 6:38 no puede haber una supuesta “variación” o cambio en las voluntades, ya que la voluntad del Hijo es la voluntad de la persona humana distinta que fue enviada al mundo (Juan 17:18), así como los discípulos fueron enviados al mundo después de que nacieron de mujeres (Gálatas 4:4). A los trinitarios les encanta aislar los textos individuales para distorsionar su significado original, sin compararlos con otros pasajes relacionados para asegurar que sus interpretaciones estén en armonía con todo el consejo de Dios.

    Las Escrituras están repletas de ejemplos que nos muestran que Dios tiene una mente, un corazón y un alma, tal como un hombre tiene una sola mente, un solo corazón y una sola alma. De hecho, las mismas palabras hebreas y griegas que se usan en la Biblia para designar a la mente, el corazón y el alma de Dios, se usan para designar la mente, el corazón y el alma de un hombre.

    Dios dijo en Jeremías 32:35 (LBLA), “…lo cual no les había mandado, ni me pasó por LA MENTE que ellos cometieran esta abominación, para hacer que Judá pecara”.

    Génesis 8:21, “dijo JEHOVÁ EN SU CORAZÓN (LEB “labe”): No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento DEL CORAZÓN DEL HOMBRE (LEB “labe”) es malo desde su juventud”.

    Dios dijo en Levítico 26:30, “Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y MI ALMA os abominará”.

    Así como las Escrituras dicen que Dios tiene una mente, un corazón y un alma, así también las Escrituras dicen que los seres humanos individuales tienen una mente, un corazón y un alma. Pero si la doctrina trinitaria fuera verdadera, entonces Dios debería tener tres mentes, tres corazones y tres almas: una para cada persona divina. Dado que las palabras hebreas y griegas para “alma” tienen el mismo significado que nuestra palabra española “persona”, Dios como una sola “alma” tiene que ser una sola “persona”. Los trinitarios no pueden presentar una sola Escritura que demuestre que Dios ha tenido más de una conciencia mental, más de un corazón consciente, o más que un alma consciente. Por lo tanto, Dios debe ser una sola mónada (una sola entidad sin división) con una sola mente, un solo corazón, una sola alma y una sola voluntad divina, en lugar de tres personas divinas con tres mentes, tres corazones y tres almas.


Las Sagradas Escrituras Responden