Create a Joomla website with Joomla Templates. These Joomla Themes are reviewed and tested for optimal performance. High Quality, Premium Joomla Templates for Your Site
  • Inicio
  • Biblia
  • Defensa de la Inerrancia y del Canon de la Escritura

Defensa de la Inerrancia y del Canon de la Escritura

Por  Jason Dulle

Inerrancia



Siempre ha sido común, que los no-creyentes argumenten en contra de la inerrancia de la Escritura. Sin embargo, recientemente algunos “cristianos” se han unido a sus filas. A la luz de los ataques que están siendo dirigidos contra la fiabilidad, la inspiración y la veracidad de las Escrituras, tanto desde afuera como desde adentro de las filas de la cristiandad, es importante que los cristianos sean capaces de defender la infalibilidad de la Escritura contra esos ataques que están basados en un razonamiento erróneo. Un argumento común en contra de la infalibilidad de la Escritura es algo como esto:



P1 Los libros de la Biblia fueron escritos por hombres.

P2 Los hombres cometen errores.

________________________________________

C1 Por lo tanto, hay errores en los libros de la Biblia



Es cierto que fueron hombres quienes escribieron los libros de la Biblia. Pero la Biblia no solo confiesa abiertamente su autoría humana, sino que también reclama su paternidad divina, enseñando así a una doble autoría. Los no-cristianos se equivocan en que ignoran y/o niegan el origen divino (mientras que algunos cristianos, a menudo se equivocan en minimizar o ignorar los elementos humanos de la Biblia). Es discutible se dio la relación entre los elementos divino y humanos de la autoría bíblica. Se han desarrollado varias teorías sobre la naturaleza exacta de dicha relación, pero la evidencia bíblica favorece la idea de que Dios usó para sus propósitos a hombres particulares, que escribieran lo que Él deseaba dejar por escrito, utilizando de cada autor humano su propio estilo, su propia forma de escribir, sus investigaciones anteriores, y su comprensión en el proceso. (Para más información, vea mi artículo titulado La Naturaleza de la Inspiración).



Ya se ha establecido que los hombres escribieron la Biblia, y no hace falta decir que los hombres cometen errores ¿Pero debemos concluir que los hombres que escribieron los libros bíblicos cometieron errores en el proceso? No. Tal conclusión se equivoca en dos sentidos. En primer lugar, se elimina la posibilidad de una autoría dual (humana y divina) de la Escritura. Aunque los no-cristianos no pueden probar la exclusión de la paternidad literaria de Dios para la Escritura, sin embargo, es un presupuesto que ellos necesitan para poder atacar a las Escrituras, porque sólo después de haber excluido la posibilidad de la supervisión divina en el desarrollo de la Escritura, se puede llegar a concluir lógicamente la inevitabilidad de que fueran cometidos errores al escribir los libros bíblicos. Pero sería muy razonable concluir que los hombres propensos a errores, podrían haber evitado cualquier error, si se hubiera dado una supervisión sobrenatural de sus escritos. [1] Si Dios fue el inspirador y el supervisor de la redacción de la Escritura, Dios tiene el poder para asegurarse que los autores humanos de la Biblia no cometieran errores en sus Escritos.



En segundo lugar, incluso en el supuesto de la paternidad literaria únicamente humana, el argumento presupone erróneamente que porque el hombre puede cometer errores, entonces siempre tiene que cometer errores. Mientras que todos los hombres cometen errores, no todos los hombres cometen errores en todos los ámbitos posibles. Está totalmente dentro de lo razonable, creer que los hombres, aun sin ser supervisados por la dirección divina, podrían haber escrito la Biblia sin cometer algún error. Debo admitir que hay una alta probabilidad de errar en una obra de tal magnitud, pero la probabilidad no especifica certeza. Un no-cristiano debe dejar espacio para una Biblia infalible, si deja lugar a la razón, a la probabilidad y a la experiencia, que nos hablan de que sí es posible aquello que se ha reclamado que es imposible.



El Canon



Otro argumento presentado por los no-creyentes en contra de las Escrituras, se dirige hacia el Canon. El Canon es el que estableció que los antiguos documentos literarios contenidos en la Escritura, son los que contienen las Palabras inspiradas por Dios, y por lo tanto están autorizados en la vida del creyente cristiano. A menudo se argumenta que los hombres decidieron qué incluir en el Canon, descartando injustamente algunos libros, mientras que incluyeron a otros sin un motivo justificado. El proceso se describe como autoritario y arbitrario. El objetivo de tal argumentación, es provocar en los cristianos la duda de que realmente tienen la Palabra de Dios, o que la Palabra de Dios realmente existe.



Es cierto que el hombre tomó una decisión histórica en lo que respecta a los libros que se incluyeron en el Canon, pero este hecho no significa que la decisión fue tomada solamente por el hombre. Sólo si se presupone que Dios no existe, se podría descartar una intervención divina en el proceso. Tal suposición no tiene fundamento y no es comprobable. Es muy posible que Dios podría haber llevado a la Iglesia Antigua a saber cuáles de las muchas obras literarias existentes hechas en nombre de Cristo, realmente contenían su Palabra y cuáles no. Esto es aún más significativo, si tenemos en cuenta el hecho de que Dios también fue el responsable del contenido de los libros. Si Dios pudo mover a ciertas personas a registrar sus Palabras, sin duda pudo mover a otras personas a preservar su Palabra en un Canon dedicado a la presentación de su Palabra.



Se debe entender que el desarrollo del Canon no fue un acontecimiento histórico que ocurrió de una sola vez. Aunque aquí no es mi objetivo presentar el desarrollo histórico del Canon, basta con decir que el contenido del Canon no fue una decisión tomada por una persona en particular, o incluso por un grupo de personas particulares en un corto tiempo. El establecimiento del Canon fue un proceso que se desarrolló con el tiempo y en diversas áreas geográficas de la Iglesia Antigua.



Lo que llegó a ser aceptado como el Canon de la Escritura, no fue exactamente lo que uno llamaría algo novedoso. Lo que oficialmente fue aceptado como el contenido del Canon del Nuevo Testamento, no fue un gran desarrollo de lo que la Iglesia ya había mantenido durante siglos en un nivel no oficial. Si bien, hubo algunos libros que habían sido cuestionados en cuanto a si eran o no realmente la Palabra inspirada de Dios, la mayoría de los libros de lo que actualmente conocemos como Canon, habían sido aceptados por la Iglesia en general, desde el final del primer siglo. De hecho, esto hizo que se tomara tanto tiempo para que la Iglesia se pronunciara sobre un Canon formal, porque esta vio poca necesidad sobre un pronunciamiento al respecto, ya que había un amplio acuerdo sobre el tema.



Fueron varios los factores que llevaron a la Iglesia a pronunciarse sobre un Canon oficial del Nuevo Testamento. En primer lugar, la persecución del emperador Decio, quien amenazó con matar a los cristianos que no dieran sus Escritos Sagrados a las autoridades para que fueran quemados. En dicha situación, se volvió muy importante determinar de una vez por todas, por cuáles libros estarían dispuestos a morir y por cuáles no.



En segundo lugar, se levantaron herejes como Marción, quien negó la inspiración de muchos de los libros contenidos en el tradicionalmente aceptado, aunque informal Canon. La Iglesia reaccionó, porque en la Iglesia había una aceptación no-oficial de largo plazo sobre la autoridad de aquellos libros. Cuando vino un desafió sobre esta aceptación general, la Iglesia vio la necesidad de decidir oficialmente y de establecer qué libros contenían las Palabras de Dios y cuáles no eran más que palabras humanas. El hecho mismo de que la Iglesia reaccionara en contra de Marción, demuestra la aceptación tradicional y generalizada que tenían los libros que luego oficialmente se establecieron como el Canon. La Iglesia reaccionó tan decididamente contra Marción, porque éste rechazaba los libros en los que la Iglesia había creído tradicionalmente como Palabras inspiradas de Dios. Esto demuestra que en una edad muy temprana, ya existía un Canon informal, que no fue producto de una decisión arbitraria de cientos de años después, sobre cuáles escritos eran objetables.



Sin embargo, vamos a suponer que la formación del Canon consistió puramente de una obra humana, y que Dios no tuvo parte en ella porque Dios no existe. Si así fuera, la razón nos llevaría a confesar que todos los libros que pertenecen al Canon, en última instancia están en el Canon, porque la decisión fue puramente humana. [2] La Iglesia podría incluir y excluir todos los libros que quisiera y nadie podría culparla por tal acción. Uno no podría decir que ellos pusieron los libros incorrectos, o que “los libros perdidos” son los que deberían haber estado ahí. Dicha noción presupone un ideal superior al que el Canon tendría que haberse conformado, pero que falló al no tenerlo en cuenta. Pero tal ideal sólo podría haber provenido de algo más elevado que el hombre, de un propósito más elevado hacia el cual algunos de esos escritos fueron dirigidos. Si no hay Dios, entonces ninguno de los libros en cuestión tenía un significado más importante que una lista de compras. Si no hay Dios, entonces no hay algún propósito o ideal, y por lo tanto la Iglesia no puede ser acusada de haber seleccionado mal el Canon. Lo que se puso en el Canon, llegó a pertenecer al Canon, y lo que fue excluido no llegó a pertenecer, porque eso fue lo que ciertas personas particulares llegaron a decidir, y ellas pudieron hacer lo que desearon hacer. Si se excluye a Dios del establecimiento del Canon, no se puede culpar a los que lo establecieron, alegando que de algún modo ellos fallaron.



Si se asume la existencia de Dios, tampoco va a funcionar el argumento de un Canon cargado de error. Si Dios estuvo involucrado en la formación del Canon, Él no hubiera permitido que la Iglesia se decidiera por los libros equivocados. Dios no intenta, Él logra lo que se propone (por lo menos, según la concepción cristiana de Dios). Si existe un Dios que inspiró a ciertos individuos a registrar sus Palabras en beneficio de otros, entonces Dios tuvo el motivo, el poder y la capacidad para dirigir a su pueblo a incluir los libros que verdaderamente Él inspiró y para excluir aquellos que no inspiró. Si decidimos que la razón de que Dios existe es más razonable, concluimos que los libros del Canon están allí, porque Dios quiso que estuvieran allí, ya que son sus Palabras verdaderas.



En conclusión, si uno ve la Biblia como una obra puramente humana, o como una obra divina, no se puede menospreciar el Canon. Es completo y perfecto. Si no hay Dios, entonces es una colección completa y perfecta de pensamientos inútiles de hombres. Si hay un Dios, es una colección completa y perfecta de las Palabras que Él deseó que toda la humanidad conociera. El cristiano puede tener toda la confianza de que el Canon contiene los libros inspirados por Dios, y excluye a todos aquellos que Él no inspiró. No hay libros perdidos de la Biblia y no hay libros adicionales. Se nos ha dado la palabra de Dios, preservada para nosotros a través de la inspiración divina y la conservación.





Referencias



[1] Greg Koukl, "¿Dios Intenta?", Disponible a partir de

http://www.str.org/site/News2?page=NewsArticle&id=5209

Accedido por medio de Internet, el 8 de diciembre 2010.

[2] Greg Koukl, "No hay Libros Perdidos de la Biblia", disponible a partir de  http://www.str.org/site/News2?page=NewsArticle&id=5473

Accedido por medio de Internet, el 8 de diciembre 2010.

 

Articulo del Dia

¿Qué Creemos?

"Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice." Isaías 43:7

NATURALEZA BÍBLICA DE NUESTRA CIENCIA

Hablando desde el punto general y universal de los constituyentes llamados en este tiempo moderno, Pentecostales del Nombre, con la doctrina del Señor Jesucristo y los Apóstoles, somos entonces la continuación de la Iglesia de la edad de los Apóstoles que nació el día de Pentecostés, acontecimiento que siguió a la ascensión del Señor Jesucristo, día en que fue derramado el Espíritu Santo por primera vez (Hechos 2). Estamos fundados en la enseñanza y doctrina de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Hechos 2:1-12, Efesios 2:19-20) Aún cuando estamos conscientes del avivamiento pentecostal ocurrido a mediados del siglo XVIII y principios del siglo XX, no basamos nuestro origen en dicho acontecimiento, sino en lo acontecido en Jerusalén, que dio principio a la iglesia primitiva; pues la verdadera iglesia cristiana, desde sus principios siempre ha sido una, y pentecostal por experiencia.

El Nuevo Testamento nos informa que la Iglesia del primer siglo creía en el bautismo del Espíritu Santo (Hechos 1:5, 11:15-16), y también practicaba la imposición de manos para impartir este bautismo (Hechos 8:14-17, 19:1-6). También se puede leer que los dones del Espíritu en la Iglesia eran normales y conocidos. Los escritores cristianos del segundo siglo, utilizaron la palabra griega χάρισμα o jarisma, "presente" o "regalo divino" para referirse a estos dones. Es decir, la misma palabra que empleó el apóstol Pablo para los dones del Espíritu, que incluían el hablar en lenguas (1 Corintios 12). Aunque los verdaderos cristianos han sido poco conocidos desde el tiempo de la Iglesia Primitiva hasta ahora, siempre han habido fieles contendores de la fe que fue entregada una vez a los santos (Judas 1:3). Dios siempre ha tenido un pueblo llamado de su Nombre, un pueblo apartado para Él.

Muchos de los que la Enciclopedia Católica y los libros católicos catalogan como herejes que tenían que ser extirpados, eran los cristianos continuadores de esa iglesia que empezó en Jerusalén, que habían recibido el mensaje verdadero y no se sometían en nada a las enseñanzas de los Papas, y de los líderes religiosos, prefiriendo morir en la hoguera, o ser echados a las fieras, pero no negar el Nombre de Jesús, ni las verdades bíblicas. Lamentablemente no conocemos mucho de ellos, pues durante la inquisición sus escritos fueron quemados. Por eso cuando se habla de esa edad oscura en la historia, realmente es lo que los Papas quisieron que se escribiera. La Iglesia verdaderamente continuadora del evangelio (o evangélica), es una iglesia de mártires, empezando por los de los tres primeros siglos, que de ningún modo pertenecieron a ninguna Iglesia "Católica Romana". Muchos de los escritores y personas pentecostales de nuestros días, solo marcan el avivamiento pentecostal desde la calle Azuza, en los Ángeles (California) en adelante, pero este mensaje pentecostal del nombre se predicaba desde mucho antes en Norteamérica, aunque la historia no relata mucho por razón de la misma persecución.

Sin embargo, aunque no fuera en la forma criminal que se conocía en Europa, el mundo secular inventó todo tipo de historias extravagantes en contra del movimiento pentecostal, y el mundo religioso trinitario protestante enseñaba a la población y a sus congregaciones que tuvieran cuidado con estas personas, pues por ellos habían sido perseguidos en Europa. Por eso, lamentablemente la historia que tiene que ver con la Iglesia del Nombre de Jesús, tenemos que buscarla fuera de los libros escritos por las iglesias o denominaciones controladas por los hombres que toman el control y el primado de todo lo concerniente a la iglesia. DIOS Nosotros, como los creyentes del Antiguo Testamento, y los creyentes de la iglesia primitiva en el Nuevo Testamento, creemos que Dios es absolutamente uno, solo, único e indivisible. Creemos que nadie es como Dios y que solo hay un Dios (Deuteronomio 6:4, Gálatas 3:20), no compuesto o pluralizado. Creemos que el único Dios de las Sagradas Escrituras completas (Antiguo y Nuevo Testamentos) es Espíritu, y es eterno, perfecto, infinito, omnisciente, omnipresente, omnipotente, inefable, incomprensible, sabio, santo, es el creador de todas las cosas, y es el único digno de ser adorado y de recibir culto por parte del hombre. Cualquier adoración que no sea dirigida a Dios es considerada por las Escrituras y también por nosotros, idolatría.

Nosotros utilizamos el término Unicidad de Dios, que es sinónimo de monoteísmo puro, para marcar la diferencia con todos aquellos que aún confesando que Dios es uno, todavía creen que Dios está "compuesto" de dos personas (binitarismo), o de tres personas divinas y distintas (trinitarismo). Nosotros no concebimos ni creeremos jamás que Dios es una pluralidad de personas. El uso del término Unicidad de Dios, también evita que nos confundan con el unitarismo o unitarianismo, que confiesa la creencia en un Dios, pero niega el nacimiento virginal de Jesús y que Jesús sea Dios. Creemos que el único Dios fue manifestado en carne, como el Hijo prometido por las Escrituras, manifestado como un hombre (1. Timoteo 3:16), siendo en todo semejante a nosotros (pero sin pecado) a fin de redimirnos del pecado y de la muerte (Hebreos 2:14-15). Por eso afirmamos que Jesús es el Dios único, Emanuel, Dios con nosotros (Mateo 1:23), es decir, el Dios único viniendo y salvando, Dios mismo puesto a favor de la humanidad (Mateo 1:21).

El Dios único, se manifestó simultáneamente como Padre y como Hijo, pues Jesús enseñó: "Yo y el Padre uno somos" (Juan 10:30), y por eso el que confiesa al Hijo tiene también al Padre (1. Juan 2:23). Así, Jesús era ambos, Dios y hombre, Padre e Hijo, pues el Dios único fue manifestado en carne. Era Dios por naturaleza absoluta, y llegó a ser hombre porque tomó un velo de carne, y su humanidad (como la de todos los hombres) nació de mujer (Gálatas 4:4), sin que necesariamente tengamos que añadirle a las Escrituras y a Dios, términos y definiciones que jamás las Escrituras han registrado, como esa de "Dios, engendrado", "Dios, nació en Belén", "Dios, murió en la cruz", etc. El Señor Jesús, sin ninguna equivocación o contradicción Bíblica, es el mismo Dios de la eternidad y del Antiguo Testamento, con nosotros. En cuanto a su divinidad, Jesús es ese único Dios y Padre eterno, pero en cuanto a su humanidad, Jesús es el Hijo de Dios o el ser humano que nació por la voluntad del Padre, según el propósito eterno que se había propuesto consigo mismo, en el consejo de su propia voluntad, antes de la fundación del mundo (Efesios 1. 9-19).

El término Hijo de Dios siempre está relacionado con la humanidad de Jesús, es decir como Dios manifestado en carne. Jesús es a la vez ambos, el Padre y el Hijo, tal como lo enseña el misterio de la piedad (1. Timoteo 3. 16) en lo que respecta al Padre y al Hijo en el plan de Dios. En cuanto a su divinidad Jesús es el buen pastor (Juan 10:11), pero por causa de su obra salvadora, él es la puerta de las ovejas (Juan 10:7). Pastor y oveja a la vez. En cuanto a su divinidad Jesús es la raíz de David (Apocalipsis 5:5), pero al mismo tiempo, en cuanto a su humanidad es el linaje de David (Apocalipsis 22:16). Raíz y linaje simultáneamente. Reconocer que Jesús es a la vez el Padre y el Hijo, Dios y hombre, Espíritu Santo y humano, no es ninguna contradicción sino el entendimiento fiel del misterio de la piedad (1. Timoteo 3:16) o de la voluntad de Dios (Efesios 1:9-11), reconociendo que el sólo y único Dios fue manifestado en carne, y no una tal "segunda persona divina y distinta" que las Escrituras no mencionan por ninguna parte. Además de las funciones bíblicas de Padre y de Hijo, Jesús asumió también varios oficios opuestos y complementarios simultáneamente.

Por ejemplo: Él es el cordero sin mancha ofrecido como sacrificio por nuestros pecados (1. Pedro 1:19), pero a la vez es el sacerdote que ofrece el sacrificio (Hebreos 4:14). Cordero y sacerdote a la misma vez. Jesús es descrito como el primero y el último (Apocalipsis 1:17). Principio y fin a la misma vez. Y también es descrito como el cordero (Juan 1:29) y el león (Apocalipsis 5:5) de la tribu de Judá que reinará con poder. Cordero y león al mismo tiempo. Ninguno de estos ejemplos es contradictorio, sino que demuestran que Jesús, el Dios único hizo todo sólo, para proveer salvación al hombre. Isaías 9:6 dice que Jesús es un niño que es nacido, pero que también es el Dios fuerte. Ese solo texto del profeta Isaías llama a Jesús, hijo; pero también Padre Eterno. No son términos contradictorios sino complementarios, revelando el propósito de Dios de manifestarse en carne.

LA BIBLIA: Creemos que la Biblia es la única palabra revelada de Dios que posee el hombre. Por consiguiente, toda la doctrina, la fe, la esperanza, y todas las instrucciones para la iglesia deben estar basadas y deben armonizarse con la Biblia. La Biblia es la Palabra de Dios, por tanto es inefable y no contiene errores en cuanto a su inspiración plenaria.. La Biblia es la Palabra profética (2. Pedro 1:19) y toda la Escritura es inspirada por Dios (2. Timoteo 3:16). No existe ningún otro libro que tenga la misma autoridad que la Biblia, ni lo habrá tampoco en el futuro.  

PLAN DE SALVACIÓN: Predicamos el plan de salvación neotestamentario, basados en Hechos 2:38. Es decir arrepentimiento, bautismo en agua en el nombre de Jesús, y la llenura del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en nuevas lenguas. La llenura del Espíritu Santo, junto con el verdadero arrepentimiento y el bautismo en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, es lo que le permite al hombre vivir una verdadera vida de transformación personal, espiritual y santidad.

Tras la primera predicación de la iglesia apostólica, algunos de los oyentes se conmovieron de corazón y preguntaron a los apóstoles que era lo que tenían que hacer para ser salvos. Entonces "Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38). La declaración del apóstol Pedro, reflejaba las palabras dichas por el Señor Jesucristo, acerca del plan de salvación que Dios tenía en mente para el periodo de la gracia (o de la Iglesia). "Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del agua de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Juan 3:5). Para que una persona nazca de nuevo, debe cumplir el plan bíblico de salvación, comenzando por sentir dolor (angustia general, mental y espiritual) por su pecado a través del arrepentimiento (Proverbios 28:13, Hechos 22:16, 2. Corintios 7:10); luego proceder a ser sepultado juntamente con Cristo por el bautismo en el nombre de Jesús (Romanos 6:4-6); y resucitar a una nueva vida recibiendo el regalo del Espíritu Santo (Hechos 2. 38; Hechos 10. 44-46) con la evidencia de hablar en otras lenguas, como el Espíritu de Dios le dé que hable en ese momento de recibirlo, según la experiencia y ejemplo de los creyentes primitivos (Hechos 2:3-4).

Estas tres cosas que hemos mencionado, el arrepentimiento de los pecados, el bautismo en agua invocando el nombre de Jesucristo, y el recibimiento del Espíritu Santo, fue lo que tanto judíos como gentiles creyeron y obedecieron originalmente en el libro de los Hechos, al obedecer la salvación, y por consiguiente para recibir la vida eterna. EL ARREPENTIMIENTO: El arrepentimiento es esencial para la salvación (Lucas 13:5). El arrepentimiento consiste en apartarse del pecado y volverse hacia Dios. El arrepentimiento, no se puede sustituir por la práctica moderna de "creer" en Cristo solamente, sin dejar verdaderamente el pecado y dar el fruto digno de una persona sinceramente arrepentida (Mateo 3:8, Lucas 3:8). El verdadero arrepentimiento requiere que el hombre reconozca que es un pecador, haciendo una confesión de sus pecados a Dios, creyendo que Dios le puede perdonar y limpiar de todos ellos (1 Juan 1:9). El arrepentimiento está acompañado por un dolor piadoso, que es el motivador del verdadero arrepentimiento (2. Corintios 2:10).

El arrepentimiento también es un requisito previo para recibir el Espíritu Santo (Juan 14:17; Hechos 2:38). EL BAUTISMO EN "EL NOMBRE DE JESÚS": El bautismo también es esencial para la salvación y no se puede separar del arrepentimiento. La Biblia afirma la necesidad del bautismo como es mostrado en Mateo 28:19, Marcos 16:16, Lucas 24:47, Hechos 2:38, 1. Pedro 3:21, etc. El modo de bautismo es por inmersión completa en el agua, invocando el nombre de Jesucristo. La salvación no se puede recibir sin el bautismo, específicamente sin la invocación del nombre de Jesús, pues esto fue lo que hizo la iglesia primitiva (Hechos 2:38, Hechos 8:16, Hechos 10:48, Hechos 19:5, Hechos 22. 16, Santiago 2.7). No existe en ninguna parte del libro de los Hechos y de las Epístolas, una declaración en la que se exhorte al creyente que no necesita bautizarse. Tampoco dice en ninguna parte que el bautismo no está relacionado con la experiencia de la salvación; por el contrario, se le encomienda a todos los creyentes, que deben bautizarse en agua en el nombre de Jesús, como obediencia a la gran comisión dada por el mismo señor Jesucristo después de su resurrección.

Cuando se citan casos como el del bautismo de Juan el bautista, para pretender negar la eficacia del bautismo en el nombre de Jesús, es no saber trazar bien la palabra de Dios (2. Timoteo 2:15). El bautismo de Juan fue un bautismo practicado en los últimos años del tiempo de la Ley (o antes del calvario), bautismo de arrepentimiento para cumplir toda justicia y preparar el camino y ministerio del Señor Jesucristo como el Mesías y Redentor prometido en el Antiguo Testamento. De otro lado, el bautismo en el nombre de Jesús es el bautismo para el tiempo de la gracia o de la Iglesia, el bautismo del pueblo del nombre (Hechos 15:14). Citar que el ladrón crucificado (pero arrepentido) no necesitó del bautismo en agua para recibir la promesa de Jesús de que lo llevaría al Paraíso, es desconocer no solo el orden dispensacional de las Escrituras y propósito de Dios en el cumplimiento de su plan en el tiempo del hombre, sino también ignorar la imposibilidad de este reo a muerte de ser descolgado y ser llevado al Jordán para recibir el bautismo de Juan, bautismo que no invocaba ningún nombre divino.

También es no darle importancia a la afirmación y veracidad de las palabras del Señor Jesús, cuando le aseguraba al ladrón arrepentido que seria salvo, sin necesidad de ser bautizado, en ese caso tan estrictamente particular. El caso exclusivo del ladrón de la cruz, tampoco fue una "orden" de que "ningún creyente" debe bautizarse o que Jesús estaba "estableciendo" que el bautismo era algo "opcional" que si se quiere se toma o se deja. Pensar y hacer eso sin obedecer el verdadero bautismo, sería una contradicción de las mismas palabras y ordenanzas del Señor Jesucristo en la gran comisión, las cuales incluyen el bautismo en agua en su Nombre, para remisión (o perdón) de los pecados (Mateo 28:19). EL BAUTISMO DEL "ESPÍRITU SANTO": El recibir a Cristo y permanecer en él y él en nosotros, es resultado de recibir el Espíritu Santo por primera vez, dentro de la experiencia de la salvación (Hechos 2. 38, Juan 1.12, 1. Juan 3. 24, 1. Juan 4.13). Si alguien, luego de haber recibido la experiencia de salvación, no demuestra el Espíritu de Cristo en sus palabras y en sus acciones (testimonio personal), en su vida cristiana diaria "...el tal no es de él..." (Romanos 8. 9).

El bautismo del Espíritu Santo es parte del plan y experiencia de la salvación. El Espíritu Santo puede recibirse antes o después de ser bautizado en agua en el nombre de Jesucristo, pero nunca se recibirá el bautismo del Espíritu Santo si primero uno no se ha arrepentido. La evidencia inicial al recibir el Espíritu Santo siempre será hablar en lenguas (es decir, hablando en idiomas que uno nunca ha aprendido anteriormente), o lenguas por el Espíritu o poder de Dios. Esa es la evidencia inmediata, exterior, notable, y audible de ser bautizado con el Espíritu Santo. El don (o regalo) del Espíritu Santo es una promesa para todos los que crean en el evangelio, sin tener en cuenta raza, cultura o idioma (Hechos 2:4, 2:17, 2:38-39, 10:46, 19:6, 1. Corintios 12:13). La lengua se convierte en el vehículo de expresión del Espíritu Santo (Santiago 3), y Dios toma el mando de la vida completa del creyente. El fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), no debe confundirse con la señal inicial de recibir el Espíritu Santo, pues el fruto del Espíritu es la señal permanente del Espíritu Santo.

El fruto del Espíritu toma tiempo para desarrollarse o cultivarse, por consiguiente no calificaría como una señal inmediata, exterior e identificable de recibir el Espíritu Santo. En el libro de los Hechos, las lenguas son diferentes en funcionamiento y propósito a las lenguas de 1. Corintios 12-14. Ambas citas no mencionan la misma experiencia y práctica. En los Hechos de los Apóstoles, las lenguas sirven como la señal firme de recibir el Espíritu Santo; mientras que en 1. Corintios 12-14 el apóstol Pablo está haciendo una exposición del don de lenguas que era administrado por algunos creyentes que ya habían recibido el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en nuevas lenguas. Pablo alentó a los creyentes a abundar en el hablar en lenguas, y en el capítulo 14 de 1. Corintios dedica un espacio considerable a la forma de regular dicho don en el culto público.

UNA VIDA EN SANTIDAD: La salvación se obtiene por gracia a través de la fe en Jesucristo, y no por las obras (Tito 3:5), pero la fe sin obras está muerta (Santiago 2:24-26). Definitivamente ningún ser humano en esta tierra, podrá "ganar" su salvación por tratar de "vivir" el evangelio, sin obedecer primero la salvación que está ordenada para todos los hombres, debajo del cielo. La santidad es y debe ser resultado de la obediencia inicial a la salvación y no producto de practicar "normas" de estilos de vida, como el vestirse, peinarse, alimentarse, etc. La santidad que vive el creyente se debe reflejar interior y exteriormente, pues todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, debe ser guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1. Tesalonicenses 5:23).

La verdadera doctrina, así como la santidad, caracterizan al verdadero pueblo de Dios: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.” (1 Timoteo 4:16). Dios nos ha mandado a abstenernos de toda especia de mal (1. Tesalonicenses 5:22). También la Biblia nos insta a acatar los mandamientos de Dios (1. Juan 2:4).

Es aquí precisamente que todo aquel que haya obedecido la salvación que anuncia el evangelio de la la gracia y la bondad de Cristo podrá definitivamente amar y obedecer los mandamientos originales de la ley de Dios, que estuvieron basados antiguamente en la ley de Moisés, bajo la ley de la "espada del juicio divino" de que el que no los hiciera ciertamente moriría; mandamientos que ahora obedecemos bajo la ley de Cristo, la ley del amor y del cumplimiento, los cuales por la obra redentora y reconciliadora del Señor Jesús en el calvario, fueron elevados a un nivel en que la justicia divina los ve y considera a través de la obra expiatoria de Cristo, y por lo tanto toda obediencia a ellos, es resultado primero de la obra que hizo el Señor. Cuando nosotros obedecemos sus mandamientos, alcanzamos la garantía de los beneficios de la redención alcanzada por Cristo, por eso la salvación nunca ha sido lograda por ningún mérito personal de los creyentes, pues todo el mérito pertenece a Cristo. La santidad del creyente está unida al acontecimiento maravilloso de la promesa del Señor Jesús, de que un día vendrá por su iglesia."Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual, nadie verá al Señor..." (Hebreos 12. 14).

Apps Moviles