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La Cosmología del Big Bang

Por Jason Dulle

 

Durante siglos, muchos filósofos sostuvieron que el universo es eterno. La consecuencia de este punto de vista filosófico, es que evitaba la cuestión de Dios. Si el universo siempre ha existido, entonces no tuvo necesidad de un Creador. Sin embargo, el surgimiento de la teoría del Big Bang en la primera parte del siglo 20, cambió todo eso. El modelo del Big Bang, predijo con éxito que el universo, incluyendo el espacio-temporal-material, realmente tuvo un origen en un punto absoluto en el pasado finito, desde el cual se expandió y se sigue expandiendo hoy en día.

Las implicaciones de este modelo teísta se reconocen al instante. Si el universo comenzó a existir, se requiere una causa sobrenatural (una que esté por fuera de los confines del mundo natural). Esta es la razón por la que la teoría del big bang se enfrentó contra una feroz oposición, y del por qué se tardó varias décadas y necesitó de muchas líneas de confirmación empírica, para convertirse en el paradigma reinante en la actualidad. Incluso ahora, los cosmogonistas siguen presentando modelos alternativos, con la esperanza de evitar la idea del inicio del universo, muchos de los cuales no han sido más que ejercicios de especulación metafísica, incapaces de ser sometidos a verificación o refutación. 

Aunque la teoría del big bang no facilita la visión del mundo de un ateo, muchos ateos finalmente hicieron las paces con la evidencia empírica, y aceptaron la teoría. Pero la implicación teísta de un universo temporalmente finito, no ha desaparecido. Todo lo que empieza a existir, requiere de una causa. Si el universo comenzó a existir, ¿qué fue lo que provocó que existiera? No podía ser una ley natural, porque las leyes naturales se originaron con el universo. No podría ser auto-provocada, ya que eso sería incoherente, pues algo que todavía no existía, ¿cómo implicaría su existencia antes de su existencia?

El ateo tiene dos opciones. Puede admitir la existencia de una causa externa para el universo, o afirmar que el universo no tiene una causa. Para la mayoría de los ateos, la primera opción está por fuera de sus contemplaciones. Una causa externa para la existencia del universo, se parece demasiado a Dios, por ser inmaterial, eterna, no-espacial, inteligente y personal. Eso los deja en la segunda opción, pero esta no les hace ningún bien. El principio de causalidad es una de las intuiciones más básicas que tenemos. Las cosas no vienen a existir de la nada sin alguna causa, ¿entonces por qué creeríamos que el universo lo hizo? Si todo lo que comienza a existir tiene una causa suficiente, ¿por qué motivo el origen del universo sería una excepción? Si se trata de abogar por una excepción, al decir que es imposible tener una causa anterior al primer evento, se es culpable de una petición de principio a favor del ateísmo, porque estamos suponiendo que la realidad física es la única realidad, y por lo tanto la única causa posible del Big Bang debe ser una causa física. Sin embargo, es enteramente plausible que la causa externa del Big Bang fuera una eterna, no la realidad física. Entonces, la única manera de demostrar que el universo no puede tener una causa, es demostrando que es imposible la existencia de una causa eterna, no-física, como Dios. Pero el principio del universo, es un argumento para su existencia.

Algunos ateos reconocen el problema del principio de suficiencia causal de la visión atea del mundo, y se aferran a la idea de un universo eterno, a pesar de que la evidencia científica y filosófica demuestra lo contrario. Ellos reconocen que es un disparate pensar que algo pueda surgir de la nada, sin causa alguna. Algo sólo puede venir de algo. Nada sale de la nada. Si alguna vez hubo un momento en que no existía nada (como predice el modelo del Big Bang), entonces por necesidad no habría nada todavía, porque nada tiene el  potencial para convertirse en algo. Y sin embargo hay algo, por lo que no pudo haber un momento en que no existiera nada. Como cuestión de hecho histórico, no puede haber un momento en que no hubiera nada. Algo debe existir eternamente. Si algo debe existir eternamente, y el universo no es ese algo, algo que se asemeja al Dios del teísmo debe existir. En lugar de rendirse ante la evidencia –de que esto comprueba la existencia de Dios- los ateos rechazan la evidencia científica y filosófica de un universo finito, y afirman que el universo debe existir eternamente.

Lo que aquí es importante que observemos, es que este tipo de ateo no es intelectualmente honesto con la evidencia. Él tiene preconceptos filosóficos e inclinaciones que lo predisponen hacia el ateísmo, y estos sesgos le han comprometido de tal manera, que no es capaz de aceptar el destino al que la evidencia racional lo conduce. Sólo el teísmo es consistente con la evidencia, y está en consonancia con la razón. Mientras confío en que los ateos no sientan que es un salto hacia una fe irracional el llegar a rechazar la idea de que el universo pudo venir desde la nada sin ninguna causa, les pido que vayan más allá y reconozcan que el principio de que algo sólo viene de algo, combinado con la evidencia filosófica de la finitud del universo, es compatible con el teísmo, no con el ateísmo. Para ser coherente y honesto con los datos, se debe aceptar la finitud del universo, y admitir que su existencia requiere una causa personal y sobrenatural.

 

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